ALGO DE ALGUIENDiciembre 23, 2016

De ayer y de hoy

Por Gustavo Ruckscholss
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Fui a una fiesta organizada por una asociación benéfica en un importante chalet de un club, en Desamparados. Estaba repleta de linda gente. Al entrar se podía visitar el impresionante palacete que era, y todavía sigue siendo, imponente. Perteneció a una familia muy pudiente y era el centro neurálgico y económico del feudo. Todo el trabajo y la dedicación puestos para construir aquello deben haber costado fortunas. No hay nada improvisado, nada que no esté pensado y que no responda a un porqué de aquél entonces; no hay nada simple, todo es elaborado, casi al máximo, desde la concepción del edificio en sí, que responde a los intereses de los entonces patrones, hasta la decoración de todos y cada uno de los lugares. Es una muestra de las costumbres y formas de ser de una época y de una familia poderosa. Lo era y lo tenía que mostrar y que a nadie le quedaran dudas. Desde las baldosas hasta las estatuas de las fuentes viajaron en barco hasta llegar a ese lugar.

Afuera, en galerías y jardines, había stand y quioscos diversos que mostraban artesanías, productos y servicios que la gente de hoy presta en San Juan. Gran exhibición de personas lindas. Mujeres muy bien mostradas; niñas preciosas y mal educadas, linda juventud desinhibida total; lindas familias, buena música y animación. Todo el mundo buscando qué comprar o qué comer. Hermoso parque y jardines llenos de movimiento y disfrute de muchos. Luces y sonidos completaban el aire de una noche de verano.

Por un lado, una época de trabajo, respeto y producción. Nada de lo que allí se hizo, fue sin gran trabajo y dedicación. Por otro lado, disfrute, lucimiento y consumo. Como si fueran dos fotos, una al lado de la otra. Si se sigue mirando, se ve que aquellas eran épocas de producir. Solo los de arriba de la sociedad disfrutaban. Los demás, no tanto. Como no sobraba nada, se producían cosas en serio, no suvenires livianitos y vendibles.

Ese es un punto de vista; el otro muestra cómo hoy todos disfrutan de todo, hasta del desenfado en el actuar. Hoy los niños son libres, casi en exceso; no están regidos por una institutriz; los adolescentes (y más) se demuestran sus afectos sin tapujos. Son infinitamente libres; los mayores disponen de sí y de los suyos como quieren y forman familias de componentes libres; todos consumen lo que pueden o quieren. Pareciera, entonces, que hoy los individuos son más libres y, tal vez, más felices. No sé en lo colectivo, en el resultado para la sociedad si se ha ganado en la misma proporción.

Admiro y respeto a aquellos precursores que hicieron tanto para que nuestro hoy sea como es. Pero respeto y me gusta esta libertad total que hoy gozamos aunque no nos demos cuenta. Me gusta decidir lo mío y que cada cual decida lo suyo sin feudal alguno. Me gusta el hoy un poco más que el ayer pese al feroz consumismo y a los empujones de los niños.




Cumpleaños:

Maximiliano Castro

Periodista deportivo
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