ROMPEN LOS PRECEPTOSFebrero 1, 2017

Cómo sobreviven los distintos en San Juan

Aunque lo que hagan y digan muchas veces rompa con ciertas convenciones, se la juegan por lo que creen y quieren. Son distintos entre los sanjuaninos y más de una vez han sufrido ataques por sus acciones. Karina Palacio, Ariel Sampaolesi, Carlos García y Daniel Olivares, las críticas, las trasgresiones y por qué siguen eligiendo a San Juan.

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Ariel Sampaolesi
Daniel Olivares
Carlos García
Karina Palacio

Son distintos. En una provincia con ciertos preceptos rígidos, se animaron a seguir un camino diferente, aunque eso se tradujera en el rechazo y críticas de gran parte de la sociedad. Más de una vez dicen lo que no es políticamente correcto y desafían los códigos de los sanjuaninos. A algunos les fue mal con la diferencia, a otros no y con el tiempo se convirtieron en personajes muy carismáticos. Ellos son la profesora de fitness Karina Palacio, el músico y cantante de La Oveja Negra, Carlos García; Daniel Olivares, que le da vida a Dany Love, y el actor y director de teatro con gran protagonismo en los medios locales, Ariel Sampaolesi.

Karina Palacio, profesora de fitness

“Por lo que me dijeron e hicieron, me tendría que haber ido de San Juan”

Desde Mujer 2000, tiene gran exposición en los medios. Karina cuenta que su carrea se dio de esa forma, no lo buscó. Más de una vez fue criticada por su actitud, sus declaraciones y por participar en diferentes body painting. A pesar de las críticas, es una de las profes de gimnasia más convocantes en la provincia. Trabaja en la Subsecretaría de Deportes, está en los programas A Media Mañana, La Ventana e incluso le ofrecieron tener su propio espacio en televisión.

-¿Te importa lo que otros dicen de vos?

-No, jamás le di bolilla a lo que puedan decir, si no, no podría ser quien soy. Por las cosas que me han criticado, dicho y por lo que me llegaron a hacer, me tendría que haber ido de San Juan.

-¿Que te han hecho?

-Defenestrarme públicamente, viralizar fotos mías. Como para probarme me escribieron hasta una pared frente a la Subsecretaría (de Deportes) con algún insulto. Pero no me han detenido, ni siquiera con las amenazas “me voy a encargar de hacerte bosta públicamente”. Por ejemplo, que una mujer se haya sentido tocada porque yo saliera con su expareja llevó a situaciones terribles. Es como que no despegan lo personal del personaje, más en San Juan.

-¿Siempre fuiste muy decidida, en lo que te gusta hacer o decir, sin importar los demás?

-Sí, desde chica fui un dolor de cabeza para mis viejos, pero no por hacer cosas malas, sino porque fui decidida con lo que quería hacer. Muchas veces me quedaba sin salir, pero prefería mantener mi postura. Mis viejos me decían “el día que tengas mayoría de edad vas a hacer lo que quieras”. Cumplí los 21 años y me fui a la casa de mi abuela. A mi viejo le jodió mucho que yo estudiara educación física, me obligaron a meterme a medicina. Cuando me fui de mi casa, la dejé y me aboqué al fitness. Hasta hoy mis viejos me dicen “es increíble que no te sosiegues ni teniendo 49 años”. He tenido enfrentamientos hasta con mis hijas, a veces me dejan de hablar porque consideran que no tendría que haber hecho el body painting, o cuando salí en la comparsa de Chimbas. Las respeto porque soy la madre, pero en las cosas que a mí me hacen bien nada me frena.

-¿Cuál creés que fue tu mayor transgresión?

-Para mí no lo fue, pero por los comentarios el body painting en la ópera. Ese fue el más osado porque nunca llevaron un desnudo pintado al escenario del Auditorio, donde se supone que todo es tan cultural y señorial.

-A pesar de todo esto ¿por qué seguiste eligiendo vivir en San Juan?

-Porque logré ciertas metas en una etapa muy compleja de mi vida, la separación. Conseguí mi casa y el nombramiento en mi trabajo. Si esas cosas no se daban, me iba. Soy reconocida en mi trabajo a nivel nacional, más afuera que adentro. Más allá de que tenga un montón de seguidoras, acá me tuve que hacer un personaje para tener un lugar.

-¿No sos el personaje?

-Mi personaje es mi abrupto de la rebeldía. Muchas mujeres me han dicho “amo tu forma de ser”, “te felicito porque yo no puedo, porque mi marido, mi familia, mis hijos, la gente”. Tuve una alumna que superó al profesor. Vino su ahora exmarido a decirme que yo le cambié la cabeza, llegué a la clase y la felicité a ella. Esas cosas me sorprenden pero no lo hago para que la gente sea como yo. Lo hago por mí.

-¿Te sentís sanjuanina?

-Me siento sanjuanina de raíz, pero si me tengo que identificar con la mujer sanjuanina no. No todas, pero la mayoría de las sanjuaninas son de la casa, dependientes del macho alfa, una vez que se casan pasan a otro estrato social. A la hora de los pingos en la cancha estoy yo y tres más. ¿Por qué pensás que no tengo pareja? Los que más quieren estar conmigo son los pendejos de veinte. Hay momentos en que me jode la soledad porque añoro un compañero. Soy re enamoradiza aunque no parezca. Lo canalizo con mis alumnas, mis nietos, pero tengo esa materia pendiente.


Carlos García, cantante y músico

“Hago lo que quiero, no me interesa qué piensa la gente”

Voz y líder de La Oveja Negra y Los García, a nivel personal y grupal rompió con ciertas estructuras. Es común verlo andar de pollera en la calle o los escenarios, donde se animó a llevar la cumbia, cuando no era una moda, y a usar “malas palabras” en sus canciones y presentaciones.

-Siempre te vestiste diferente y tuviste una impronta especial en la música y los escenarios

-Desde que empecé a hacer esto, y desde antes, en la secundaria, siempre hice lo que quise. Por ejemplo, forraba los cuadernos con la página de los avisos fúnebres. Una vez me llevaron a preceptoría y me hicieron hablar con psicopedagogo, psicólogo, eran como tres, porque fui con la cabeza verde. Me preguntaban si tenía problemas y el problema era que nunca tenía problemas; el problema era de la gente que me miraba. Después de tantos años uno madura, y a pesar de la madurez sigo haciendo cosas que no sé si a la gente le cae bien. Hago lo que quiero, no me interesa fijarme en qué piensa la gente de mí. Pocas veces me cuido con lo que digo. Cuando empecé con La Oveja metía ciertas palabras y la gente decía “uh, dijo mierda”. A esta altura digo lo que se me canta y la gente sabe con qué se va a encontrar.

-¿Hay algún límite?

-Betty Puga me dijo en una nota “no sé cómo hacés, pero vivís en el límite”. No recuerdo haber pasado el límite, pero creo que tampoco sé cuál es el límite para una persona normal. Para mi es natural vivir al límite.

-¿Hasta dónde podes hacer lo que querés?

-Yo no me privo de nada y soy consciente de muchas cosas. Me acuerdo una vez que estábamos tocando en Santa Fe en la Fiesta del Citrus, era un escenario gigante y nosotros cerrábamos la noche. Hicimos “El elefante rosado”, que empieza con una puteada filosa, también “El ass del basto”, que dice “culo, poto, cola”. En un momento nos dijeron: “no digan tantas malas palabras que nos está viendo el cura o el intendente”. Yo dije “che, nos han dicho que no puteemos tanto, para colmo ahora viene el tema “La trola”. La gente lo tomó con gracia. Básicamente no me privo de las palabras, si soy muy consciente de que hay escenarios donde podés hacer ciertas cosas. Que haya niños sería un límite.

-Respecto a cómo te vestís, ¿siempre te animaste a ponerte cualquier cosa?

-Soy bastante desprolijo, por lo menos en esa parte. Por ahí me dicen “no te pongas esa camisa floreada roja con ese pantalón”. Yo no sé de eso, me pongo lo que me gusta y no necesito llamar la atención, soy así. Esa es una de las cosas que me alivia, hacer lo que me gusta. Lo que si me enoja y me pone mal es que te cierren puertas por eso, por prejuicio y postjuicio. No hemos tenido grandes problemas, salvo algunos municipios alejados que son más conservadores.

-¿Que sentís que es lo más transgresor que hiciste?

-Usar pollera; en los últimos shows estuve usando calzas y me preguntan por la pollera. Si bien no es una locura creo que llamó mucho la atención. Algo que sí fue transgresor fue implementar la cumbia en San Juan, nos discriminaban del rock y todos los ámbitos. Decían que éramos unos negros villeros. Y en lo literal, las palabras subidas de tono son una forma de trasgredir.

-¿Alguna vez los prejuicios, el “ser distinto”, te llevó a pensar en irte?

-No me siento distinto. No significa que no note la mirada extraña de la gente. No podés hacer hincapié en lo negativo, sino en la gente a la que le gusta lo que hacés. De irme, no lo tengo pensado por ahora, no sería por eso, sino por una cuestión musical. No me siento un tipo perseguido. Ya de por si te subís al escenario y tenés todo lo malo, sos drogadicto, alcohólico, sos el más manyín de todos. Esa es la mirada hacia el músico. Pero para mí soy normal, pienso en que a mi hijo no le falte nada y en crecer con la banda, nada más.


Daniel Olivares, transformista

“Era de los gays que decía ‘jamás me voy a poner un vestido’”

Controversial pero a la vez carismático. Daniel Olivares encarna a Dany Love, un personaje que si bien nació en uno de los lugares más under de San Juan, el boliche Rapsodia, supo ganarse el cariño de muchos sanjuaninos.

-En dos momentos de tu vida te la jugaste por algo distinto. Primero al asumir tu condición de homosexual, segundo al animarte a presentar a Dany Love.

-Uno va madurando y de repente decir que era gay era al pedo, el hetero no lo anda diciendo. Mi mamá me dijo “así que sos gay, ¿pero por qué no me lo has dicho?”. Le dije “¿y vos me dijiste que eras hetero?”. Y el hecho de ser homosexual tiene mucho que ver con el transformismo. No elegí ser un dramaturgo, que podría haber sido, pero la existencia de Rapsodia hizo que todo esto estuviese concadenado. Gracias a Dios no lo padecí. Si fue así fue por culpa mía, por subestimarme a mí y la gente, no porque me atacaran, nunca me sentí discriminado.

-Tu caso es distinto al de otras personas que se arriesgaron a hacer cosas diferentes y que recibieron agresiones.

-Me pasó pedir el Teatro Municipal hace dos años, que me patearan y patearan la fecha, hasta que me di cuenta que no me la querían dar. Eso no me reprimió, seguí. Lugares de expresión existen muchísimos; el tiempo ayuda a madurar y ver donde podés expresarte.

-Desde que empezaste con el personaje, tuviste tu lugar.

-La primera vez que me vestí de mujer fue para hacer un personaje que se llamaba Francisca y fue en el Teatro Sarmiento, ¡qué ironía! Fue para la Fundación Carpir. Charlaron con los chicos del boliche (Rapsodia), que en ese momento hacían shows y yo me empecé a meterme. Pensaba que al show le faltaba un conector y me dijeron “hacé vos el personaje”. Yo dije “no, no me vestiría jamás de mujer, ni en pedo”. Era de los gays que decía “jamás me voy a poner un vestido”.

-Cuando empezás con la propuesta de Dany Love, ¿tenías algún miedo?

-Tenía mucho entusiasmo y tenía nervios de enfrentarme con el público. En esa época era el disc jockey de Rapsodia, me tenían como eso, muchos ni pensaban que era gay. De repente, tenían que verme vestido de mujer en el escenario. Tenía miedo al rechazo. Se generaron dos bandos, estuvieron los que les provocó rechazo y los que no les interesaba quien era sino el personaje. Después la balanza se empezó a inclinar y ahora está todo bien.

-Ahora la mayoría te acepta con el personaje, que incluso es muy carismático

-Ni por face ni personalmente, nadie me dijo “me das asco”. Al contrario, por ahí me da vergüenza, me dice cada cosa la gente, me llevan la autoestima hasta el cielo. Hay una realidad, es San Juan, es un juego que hay que saber jugar. Yo pretendo divertirme con esto. Si se ríen diez yo soy feliz. Por momentos digo “guau, en San Juan, un show de transformismo, en un boliche para gays, encasillado, los domingos a la 1 de la mañana”, todo eso era improbable. Si le hubiera planteado esto a otro me hubiera dicho “estás re loco, andate a Córdoba, Rosario o Buenos Aires, acá no va a ir nadie”.

-¿Por qué crees que a pesar de ser algo que rompe tantas estructuras para los sanjuaninos tiene aceptación?

-Creo que les gusta. El sanjuanino no es de consumir lo que le gusta. Vos abrís un boliche, capaz que no se podía bailar del amontonamiento pero lo único que te dicen es “estuvo genial, no se podía ni caminar”. La onda es ir donde van todos. Rapsodia no es donde van todos. Que funcionara el café concert durante más de diez años, con un show de transformismo en un lugar controversial, en un día y horario atípicos nos emocionó muchísimo. Lo agradecíamos todos los domingos y al principio no veíamos lo importante del efecto en la risa de la gente. Hasta que fue una chica con cáncer, con pañuelo en la cabeza. A partir de ese día no faltó más los domingos, hasta que volvió con su cabellera.

-¿Alguna vez te planteaste hacerlo fuera de San Juan?

-No, tajante. Me propusieron cuatro veces cosas importantes. Dos veces Beatriz Salomón, una fue para ir a Carlos Paz, otro fue Javier de Barbieri, representante de varios artistas de Buenos Aires. Me comentó la posibilidad de ir a Mar del Plata o a Buenos Aires, era dejar todo y no. La otra fue Edda Bustamante.


Ariel Sampaolesi, actor y representante en San Juan del INT

“La televisión en San Juan es un medio muy careta”

Como director de teatro, por su actividad en la radio o la televisión, como representante del Instituto Nacional del Teatro o en el rol que ocupó como director teatral de la Fiesta del Sol, Ariel estuvo más de una vez en boca de los sanjuaninos, sobre todo por sus polémicas declaraciones. Ahora, en “Por lo menos”, se anima a mostrar y decir cosas que no aparecen en otros programas locales.

-¿Siempre hiciste y dijiste lo que querías, aunque no fuera políticamente correcto?

-Me considero una persona con capacidad para negociar y amoldarse. Siempre me manejé con lo que considero que es la verdad, es una actitud que fue muy estimulada en mi casa, supongo que tiene que ver con eso y con la cercanía con mi abuelo materno, Antonio. Ese sí que era políticamente incorrecto. Somos una familia en la que si hay que mandar a alguien a la mierda lo hacemos, tratamos de no caretearla. Trato de ser lo más honesto y ético posible, eso te convierte en una persona libre.

-Sobre todo en tu participación en los medios, te la jugás. Ahora ponés en fotomontajes las caras de otros periodistas y personas públicas de la provincia, eso no se hace en otros programas locales.

-Es más viejo que la escarapela. Tratamos de jugar un poco con los personajes públicos de San Juan, tengo muy claro eso. Yo soy una persona pública, sé que estoy en boca de mucha gente y que puedo recibir un par de cachetazos. No puedo escindirme de eso pero me caliento mucho cuando los medios mienten. Me parece que en San Juan hay muchas personas públicas que no han asumido su responsabilidad, son vacas sagradas a las cuales nunca nadie tocó. Nosotros estamos desacralizando algunas cosas.

-Mucha gente te ve incluso porque no te quiere.

-Es algo que también le pasa a otra gente pública y me pasaba cuando estaba en Radio Sarmiento. Había mucha gente que no soportaba lo que hacíamos. En Colón fue tremendo. Había gente que todos los días se tomaba el trabajo de llamar por teléfono y decir que era un mamarracho, que me sacaran del aire, y seguían escuchando.

-¿Cómo tomás las críticas?

-Hice terapia, hablo mucho de mí, de lo que me pasa, tengo buenos amigos con los que paso muchas horas hablando de ellos y de mí. Lo tomo como atenerse a las reglas del juego. Sería absurdo que me enojara por algo que dijera alguien. Me embola un poco cuando las cosas que te ponen son mentiras. A nivel personal obviamente que uno dice “guau, ¿por qué genero esto en alguien?”, pero se me pasa. De todas formas cuando empecé a hacer “Por lo menos” pensé que iba a ser duro. La televisión en San Juan es un medio muy careta y estaba preparado. Pero la verdad que es de 50 mensajes por noche debe haber uno o dos mensajes que me bardean. Pensé que iba a haber más bardeo de la gente, sobre todo por ciertas declaraciones mías tergiversadas en febrero cuando fue la Fiesta del Sol. Salieron a decir que a mí no me interesaba si la gente entendía o no. Algunos medios intentaron ponerme en contra del público, cosa que no haría jamás. Yo trabajo para el público.

-¿Alguna vez pensaste en irte por no sentirte libre para hacer lo que querías?

-No siento que San Juan sea un lugar donde uno no pueda hacer lo que quiera. Tengo amigos que lo sienten y piensan y lo respeto. Quizás transito un estado de inconsciencia permanente. Lo que tuve ganas de hacer lo hice siempre. No tuve la necesidad de irme porque no soporto la pacatería. Me parece que quienes lo dicen bajaron los brazos o no están tan dispuestos a dar batalla, o hacerse cargo de que es un prejuicio. Me encanta San Juan, no me puedo imaginar proyectándome en otro lugar, a pesar de que tuve oportunidades de irme, creo que está bueno quedarse donde uno nació y tratar de aportar algo a eso lugar.


NOTA PUBLICADA EL 2 DE ENERO DE 2017 EN EL NUEVO DIARIO




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