Maximiliano LópezMarzo 9, 2017

"España está llena de doctores que no tienen trabajo"

Especialista en Educación, Filosofía y pensamiento latinoamericano, Maximiliano López cuestiona la continuidad de la educación “colonial”, que establece un “mecanismo perverso” entre el sabio y el ignorante. Radicado en Brasil desde hace 10 años, el mendocino critica la carrera infinita de especialización permanente, que se vuelve obsoleta en países en crisis como España.

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Maximiliano Valerio López, médico.

La escuela no debería ser un lugar de enseñanza del sabio al ignorante sino un espacio de “tiempo libre” para pensar en conjunto. Latinoamérica no debería enfocar todos sus esfuerzos en la idea única de “progreso” sino en buscar la forma de “vivir mejor en el presente”. La especialización constante de los profesionales con doctorados y pos-doctorados no garantiza el éxito ni la buena convivencia social. Esas son algunas de las ideas del filósofo mendocino Maximiliano Valerio López, que sin dudas proponen un cambio radical de pensamiento. Especialista y estudioso en Enseñanza, Educación y Filosofía, López vive hace diez años en Brasil, el país donde obtuvo el doctorado en Filosofía de la Educación por la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ).

Con una mirada diferente y profunda sobre temas clave como la educación, la política y la organización social, el mendocino trabaja en proyectos sobre producción político-gramatical, experiencia poética y filosófica. Desde esta área, no teme en realizar llamativas apreciaciones, en las que critica la educación del proceso civilizatorio, que “nos instala una falta permanente que nos lleva a una carrera permanente en la que nunca llegamos a ser lo que deberíamos ser”.

Invitado por la ONG local "COMEFUS" (Construyendo Mejores Futuros Sociales), López participó de la última Jornada de Articulación entre la Escuela Media y la Universidad, en la Facultad de Ingeniería. Después de disertar en distintos espacios, habló con El Nuevo Diario.

-¿Qué lo motivó a realizar su especialización en Filosofía en Brasil?

-En esa época allá había un proyecto muy interesante de filosofía con niños. Después hice la maestría, el doctorado y finalmente me quedé. En esa época la mayoría se iba a hacer especializaciones a España y Estados Unidos. Brasil no era un gran lugar para ir a hacer pos-graduación. Pero terminó siendo una buena decisión porque conseguí muy buenas condiciones de trabajo. Ahora, mientras los otros países están en crisis, Brasil se presenta como una opción atractiva porque la universidad está en un proceso de expansión.

-¿Cómo ve al sistema educativo latinoamericano actual?

-Creo que no hay una crisis sino una desorientación general. La educación fue un proceso ligado al proceso civilizatorio, a la historia colonial. Hoy comienzan a disolverse esas condiciones coloniales y la escuela pierde el sentido que tenía porque ya no sirve para llevar a las personas de lo salvaje a lo civilizado. Hay que encontrarle otros sentidos.

-¿Cuál era el principio de la educación colonial?

-La educación colonial parte de la falta. La idea es que al salvaje o al niño le falta algo que la educación le va a dar. La dinámica tiene que ver con llenar una falta y habría que pensar un proceso educativo basado en la completud. Me parece que plantar la semilla de la falta, por más que nuestro objetivo sea noble, termina siendo perverso porque para que haya un sabio tiene que haber un ignorante y para que haya un moderno tiene que haber un primitivo.

-Este modelo de mayor igualdad entre docentes y alumnos también recibe críticas por el miedo a la pérdida de autoridad y del respeto hacia los maestros.

-Me parece que es necesario reconstruir lazos sociales y no me parece tan claro que el modelo tradicional civilizatorio los crease. El modelo tradicional le prometía a la gente una realización futura que nunca llegaba. Esta idea de “mi hijo el doctor” se basaba en que si no se era doctor, no se era nadie. Eso ha marcado a la educación porque lo primero que se nos enseña es que las personas no están completas. Es como si la educación plantase una falta en la gente y después prometiese solucionar esa carencia. Eso no equivale a tener lazos sociales.

-¿Qué se puede hacer entonces?

-Lo que se puede abandonar es esa idea de falta, de llegar a ser lo que nunca se es, y pensar que si hoy ya estamos tranquilos y completos y no se trata de llegar a ser nada sino de construir un arte de estar juntos. Aristóteles decía que en el placer y la felicidad no falta nada y creo que la amistad es un buen ejemplo de una relación cordial donde no hay que llegar a ser nada.

“La educación tiene el mismo mecanismo del consumo”

-¿Se nos ha educado en un modelo de infelicidad o insatisfacción?

-Claro. Es el mismo modelo que nos hace tratar de tener un auto 0 km y nos hace creer que la felicidad nos va a venir cuando consigamos hacer cosas que hoy no podemos hacer. La educación está rodeada de un discurso de nobleza pero no tiene un mecanismo tan diferente al consumo. Consumir mercadería o consumir cosas no es tan diferente de querer tener un título universitario o un doctorado.

-¿Hay que replantearse la finalidad de este recorrido?

-Sí, no se trata de no tener educación. Se trata de hacer de la educación un lugar donde estar y no un lugar que nos trae una imagen de nosotros mismos disminuida. Tal vez la escuela sirve para que juntos pensemos y nos maravillemos del mundo pero para eso no hace falta tener ninguna carencia porque el mundo es maravilloso por sí mismo.

“La idea de progreso solo pone el sentido en el futuro”

-¿Cómo es la educación argentina en relación a la de Brasil y del resto de Latinoamérica?

-Existen grandes diferencias pero en esto se parecen mucho. Brasil es un país desarrollista y el lema de la bandera es “Orden y progreso”. Hoy Brasil vive un momento glorioso de expansión pero el problema es ver si puede transformar esa potencia en algo diferente o si va a repetir el mismo proyecto de desarrollo, que no generó buenos resultados en distintas potencias. Hoy España está llena de doctores que hablan cinco idiomas pero no tienen trabajo y están buscando trabajo en América Latina. Entonces no es verdad que cuando todos tengamos doctorados vamos a ser felices porque puede ser que cuando los tengamos, no tengamos trabajo.

-¿Habría que potenciar las carreras específicas que necesita cada sociedad?

-Tenemos que buscar una manera de estar bien y no un camino infinito de subir peldaños de una escalera porque nada nos dice que al final de la escalera haya algo. Si no podemos construir un orden más igualitario, más justo y más feliz ahora ¿por qué lo colocamos en el futuro? La idea de progreso solo pone el sentido en el futuro. Sería bueno buscar una manera que valore las relaciones actuales.

-Esta sensación de falta también está muy arraigada en la Argentina, que siempre mira el progreso de Europa o Estados Unidos.

-No es solamente argentino. El proceso colonial nos enseñó que para ser alguien teníamos que parecernos al colonizador. Simón Rodríguez decía “inventamos o erramos” y la única manera es inventarnos una forma de vida propia. Vivimos un momento de América Latina muy particular porque nos independizamos económicamente y políticamente pero es mucho más trabajoso independizar nuestras ideas de ese proceso civilizatorio.

“La escuela se está volviendo inhabitable”

-Muchas culturas rechazan el concepto de escuela como establecimiento único en el que se va a aprender. ¿Tienen que seguir existiendo las escuelas como se las conoce hasta hoy?

-Podemos encontrar otra forma y tal vez nazcan en el futuro instituciones que las sustituyan. Pero las escuelas ya cumplen una función y podemos tratar de habitarlas mejor. El problema es que en la forma que está estructurada hoy, la escuela se está volviendo inhabitable. Corremos, tenemos mucha presión y siempre hay que conseguir cosas que parecen imposibles.

-¿Cómo sería una escuela en la que no se enseñe desde un concepto de falta?

-Un profesor belga habla de la escuela como un lugar excepcional, donde lo más importante no es aprender lo que nos falta sino crear un tiempo y un espacio para tener otra relación con las cosas y entre nosotros. La palabra escuela viene del griego scholé, que significa tiempo libre. No es un tiempo libre en el sentido de diversión o distracción sino, por el contrario, para prestarle atención al mundo y saber cómo funcionan las cosas y qué nos pasa como sociedad.

-¿Este método es el que se usa en la filosofía con niños?

-Cuando hacemos filosofía con niños no se enseña nada pero se piensa en conjunto cosas que son importantes como la justicia, la amistad, la solidaridad, la alegría de la vida, la tristeza, la muerte o por qué el mundo se ordena matemáticamente. Con los más chiquitos hemos tenido charlas muy lindas de espíritu metafísico, en donde se preguntan de dónde sale el mundo. El hecho de sentarse a pensar junto a los niños y no tratar de cambiarlos es muy interesante. Es diferente a decirles cómo tienen que ser.

FICHA PERSONAL

-Nació en Mendoza y se fue a vivir a Brasil hace diez años para trabajar en un proyecto de filosofía con niños y desde entonces está radicado en ese país.

-Es Doctor en Filosofía de la Educación por la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ), Magíster en Educación por la misma Universidad, Especialista en Enseñanza de la Filosofía por la Universidade de Brasilia (UNB) y Graduado en Ciencias de la Educación por la Universidad Nacional de Cuyo.

-Actualmente se desempeña como Profesor en la Universidad Federal de Juiz de Fora. Es Profesor del Programa de Pos Graduación en Educación.

-Sus actuales líneas de investigación son: “Poética de la transmisión”, “Formación, biopolítica y Colonialidad”, “Educación y Experiencia filosófica”.
-Ha volcado sus ideas en numerosos artículos, libros y publicaciones varias, además de comunicarlas en eventos académicos en Argentina, Brasil, Colombia, España y Estados Unidos.

NOTA PUBLICADA EN EL NUEVO DIARIO EL 6 DE DICIEMBRE DE 2013.




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