TEMAS DE LA JUSTICIAMarzo 20, 2017

El Indio y el país serio

Por Eduardo Quattropani
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Indio Solari

v En la columna inmediatamente anterior, de alguna manera, intenté plasmar la sutil diferencia existente entre postular un país en serio a hacerlo por un país serio.

v Lo ocurrido con el Indio Solari en Olavarría expone, de un modo descarnado, nuestras falencias conceptuales como sociedad y nuestras profundas carencias como ciudadanos.

v En efecto, la inmensa mayoría de los análisis o discusiones se han dado en torno a cuestiones superficiales, anecdóticas o, en todo caso, periféricas y, como siempre, se le ha escapado –voluntaria o involuntariamente- al análisis de fondo.

v Así coparon la parada Mario Pergolini denostando al Indio Solari, Lanata quien, según Clarín, “destrozó al Indio” y hasta lo culpó de vivir en Estados Unidos, a mas de aclarar –vaya trascendencia- “Que yo nunca en la vida le creí una palabra a los Redonditos” (pobres Redonditos, diría yo, se perdieron el afecto de Lanata), y hasta Petinatto se subió al ring de las oportunidades y boxeó al Indio en su día; todo, claro está, sin olvidar las noti sobre las lágrimas del Indio y su retiro en avión privado.

v Ahora bien pocos, por no decir nadie, parece preguntarse: ¿Quién autorizó el festival? ¿Cuántas entradas o para cuantas personas se habilitó? ¿Cuántos adicionales de policía se exigió para esa cantidad de gente? ¿Cuántas ambulancias y equipos médicos? ¿Cuántos baños químicos? ¿Cuántos accesos y puntos de escape?, etc., etc.; eso, reitero, todo eso parece no existir entre las preocupaciones de los analistas; tampoco de los funcionarios municipales y de la Provincia de Buenos Aires.

v No es el Indio Solari ni el Chaqueño Palavecino ni Pijama Party, quienes deben cuidarnos (mejor si lo hacen), es el Estado el encargado de autorizar o no, de controlar, de exigir que la gente no sea tratada como ganado, que el espectáculo (negocio) brinde a los fanáticos (consumidores) la seguridad y confort compatible con la naturaleza de seres humanos, con prescindencia de la opinión de cada uno de los participantes.

v No resulta en vano leer lo declarado por el actual gobernador de Mendoza y ex intendente de Godoy Cruz, recordando no haber autorizado eventos de esa magnitud y haciendo conocer que las productoras de esos eventos hasta exigen exenciones impositivas y de tasas municipales para hacerlo en determinados lugares, contando para ello con la debilidad de los políticos que “mueren” por su momento de fama junto al Indio Solari o quien fuere.

v El panorama empeora cuando leemos las declaraciones de funcionarios diciendo que “la situación los desbordó”, o a otros alegando que la productora exigió que en el predio solo haya seguridad privada, pues los fanáticos no quieren a la Poli.

v Preguntemos a dirigentes de Desamparados, Boca, River o Estudiantes si ellos tienen idénticos privilegios para abrir los estadios.

v Bueno, sigamos discutiendo lo periférico, linchemos al Indio, rescatemos a Gardel y Troilo, le echemos la culpa a ese tipo de música o movida, nos subamos al tren de los Lanata, los Petinatto o los Pergolini, dejemos que ellos nos impongan los puntos de análisis y discusión (sus respectivos negocios) y después, sin ponernos colorados, reclamemos vivir en un país serio.




Cumpleaños:

Eugenia Beatriz Cortez

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