HISTORIAS CONTADAS CON 2 DEDOSMayo 5, 2017

La extraña muerte del Papa de la sonrisa

Por Juan Carlos Bataller
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Jorge Rafael Videla era un católico ferviente. Fue recibido por Juan Pablo I
Juan Carlos Bataller, entonces corresponsal de Clarín, en una de las charlas con el cardenal Pironio.
Juan Pablo I
Juan Pablo I, pontífice por un mes

¿Qué pasó con Juan Pablo I? ¿Es cierto que lo mataron? ¿Quiénes?

Estas preguntas me las hicieron centenares de veces. Son las mismas que yo hice a viejos vaticanitas cuando en 1980 me acredité como corresponsal de Clarín ante la Santa Sede.

Digamos que hoy, 40 años después de la muerte de Albino Luciani, no tengo respuestas.

Todo queda en un escueto resumen: el papa Juan Pablo I apareció muerto en su habitación. Tenía sólo 65 años y llevaba sólo 33 días de pontificado y según el comunicado oficial, murió de un infarto agudo de miocardio, aunque el motivo de su fallecimiento no ha estado exento de teorías conspirativas debido a la falta de una autopsia.

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Pero expliquemos a las nuevas generaciones quién fue Juan Pablo I.

Comencemos diciendo que fue elegido en la cuarta votación del cónclave de agosto de 1978, un cónclave inusualmente breve, el segundo más corto del siglo XX.

El Colegio cardenalicio eligió el 26 de agosto de 1978 al Patriarca de Venecia, Albino Luciani, como el 263° papa de la Iglesia Católica, siendo así el tercer Patriarca de Venecia en ser nombrado papa. Albino escogió el nombre de Juan Pablo, convirtiéndose en el primer papa de la historia con un nombre compuesto, gesto con el que pretendía honrar a sus dos predecesores, Juan XXIII, que le nombró obispo, y Pablo VI, que le nombró Patriarca de Venecia y cardenal.

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Según los vaticanistas de larga trayectoria, la elección de Luciani fue debida a la división entre miembros de distinta ideología dentro del Colegio cardenalicio:

· Los conservadores y curialistas apoyaban al cardenal Giuseppe Siri, que defendía una interpretación más conservadora o incluso una corrección de las reformas del Concilio Vaticano II. En los círculos sedevacantistas existe la opinión de que Siri fue elegido en el cónclave de 1958 y que incluso escogió el nombre de Gregorio XVII para su pontificado, pero fue obligado a renunciar porque no era “políticamente correcto” en los tiempos de la guerra fría.

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· Del otro lado estaban los que defendían una interpretación más liberal de las reformas del Vaticano II, y otros cardenales italianos, apoyaban al cardenal Giovanni Benelli, pero no obtuvo los votos suficientes por sus tendencias "autocráticas".

Entre los cardenales procedentes de fuera de Italia, en un Colegio cardenalicio cada vez más internacionalista, había figuras como la del cardenal Karol Wojtyla, quien luego se convertiría en Juan Pablo II.

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Un hombre de gran poder en la iglesia en aquellos años era el cardenal argentino Eduardo Pironio quién decía, refiriéndose a Luciani que "hemos sido testigos de un milagro moral".

Tras su elección, Juan Pablo I tomó una serie de decisiones que llegaron al corazón de los fieles. La Iglesia tenía “un Papa más humano”, se dijo.

Por ejemplo, admitió públicamente que se ruborizó cuando Pablo VI le nombró Patriarca de Venecia.

No sólo eso, fue el primer papa moderno en hablar en singular utilizando "yo" en lugar del plural mayestático, aunque las grabaciones oficiales de sus discursos fueron reescritas de un modo más formal por algunos de sus ayudantes más tradicionalistas, que reincorporaron el plural mayestático en notas de prensa y en las noticias de L''Osservatore Romano.

También fue el primero en rechazar la silla gestatoria, hasta que le convencieron de que era necesaria para que los fieles pudieran verle.

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Juan Pablo I eligió como lema de su papado la expresión latina Humilitas ("humildad"), lo que se reflejó en su polémico rechazo de la coronación y de la tiara papal en la ceremonia de entronización, sustituyéndola por una simple investidura en contra de lo prescrito por la Constitución Apostólica Romano Pontifica Eligiendo, promulgada por Pablo VI en 1975.

Una de sus declaraciones, de gran repercusión en la prensa, fue que "Dios es Padre, y más aún, es madre", refiriéndose a Isaías que compara a Dios con una madre que no olvida a su hijo Sion. El papa realizó este comentario durante su Ángelus del 10 de septiembre de 1978, en el que también pidió que se rezase por los Acuerdos de Camp David.

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En 1980, cuando ya habían pasado dos años de su muerte, me contaron algunos periodistas de larga trayectoria que Juan Pablo I tenía planeado promulgar una encíclica para consolidar las reformas del Concilio Vaticano II, que calificó como "un extraordinario acontecimiento de gran alcance histórico y de crecimiento para la Iglesia", y para reforzar la disciplina de la Iglesia en la vida de los cargos eclesiásticos y de los fieles.

Como reformista, también lanzó algunas iniciativas como la devolución del 1% de los ingresos de cada iglesia para destinarlo a las iglesias del Tercer mundo.

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No todas fueron rosas. También recibió críticas como cuando recibió la visita del dictador Jorge Rafael Videla, presidente de Argentina, a la Ciudad del Vaticano.

Pero ¿era Luciani un hombre destinado a una gran reforma en la Iglesia Católica?

Según algunos "Luciani era intransigente con su defensa de la enseñanza de la Iglesia y severo con aquéllos que por orgullo intelectual y desobediencia no hacían caso de la prohibición de la Iglesia sobre la anticoncepción", aunque sin condenar el pecado, era tolerante con aquellos que sinceramente han intentado y han fracasado vivir de acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia".

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Para completar su perfil podríamos agregar que Juan Pablo I era considerado un hábil comunicador y escritor, incluso publicó algunos escritos. Su libro Illustrissimi, que escribió cuando era cardenal, consiste en una serie de cartas dirigidas a un gran número de personajes históricos y ficticios. Entre ellas están las cartas dirigidas a Jesús, al rey David, al barbero Fígaro, a la emperatriz María Teresa y a Pinocho. Otras están dirigidas a Mark Twain, Charles Dickens y Christopher Marlowe.

Si bien Juan Pablo I enseguida sorprendió con su simpatía y calidez personal muchos viejos vaticanistas dicen que dentro del Vaticano era visto como un simple intelectual inconsciente de las grandes responsabilidades del papado. Los críticos comparaban sus discursos, con menciones a Pinocho, con los discursos más intelectuales de Pío XII y Pablo VI. Sus visitantes hablaban de su soledad y aislamiento.

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Su imagen de hombre amable, cercano y bondadoso enseguida cautivó al mundo entero pero ese ambiente de optimismo y cercanía nunca llegaría a avanzar por la brevedad de su pontificado. Fue encontrado muerto en sus aposentos poco antes del amanecer del 29 de septiembre de 1978, 33 días después de su elección.

Según las fuentes oficiales, el papa, de 65 años, murió de un infarto.

Y acá comienzan las contradicciones. Se ha dicho que el Vaticano ocultó algunos aspectos sobre el descubrimiento del cadáver para evitar dar detalles en el hecho de que fue descubierto por la Hermana Vincenza, una monja. Como es costumbre tras la muerte de un papa, no se realizó autopsia. Aunque esto, junto con declaraciones contradictorias realizadas tras la muerte del papa, ha dado lugar a una serie de teorías conspirativas en torno a ella. Estas declaraciones se refieren a quién encontró el cadáver y dónde, a qué hora y qué papeles tenía en la mano. La Santa Sede todavía no ha investigado estos aspectos. El papa reposa en las grutas vaticanas desde el 4 de octubre de 1978.

Las contradicciones

>El Vaticano afirma que Juan Pablo I falleció de un infarto en su cama y que no se llevó a cabo autopsia alguna por la oposición de sus familiares.

>Algunos aspectos de esta declaración oficial, sin embargo, se vieron contradichos más tarde: no fue el irlandés John Magee (posteriormente obispo), quien fuera secretario personal de Pablo VI, Juan Pablo I y Juan Pablo II, la primera persona en hallar el cadáver del Pontífice, sino una de las religiosas que se encargaban del trabajo doméstico, como se supo en 1988. La familia del fallecido papa reveló en 1991 que la muerte no le sobrevino en la cama, sino en su escritorio y además, sí se le habría realizado una autopsia, según otros informes. Estas incoherencias oficiales, junto a otros factores de índole económica, han dado origen a teorías conspirativas que apuntan a un envenenamiento del Pontífice.

>Según se comentaba por aquellos años, Juan Pablo I pretendía ahondar en las reformas iniciadas por Juan XXIII. La clarificación de las cuentas vaticanas era una de sus prioridades. Mientras fue Patriarca de Venecia, en 1972, el Banco Vaticano vendió al Banco Ambrosiano, propiedad de Roberto Calvi, la Banca Cattolica del Veneto, sin consultar al obispado metropolitano de Venecia, del cual monseñor Albino Luciani era jerarca. El responsable de esta acción fue el arzobispo Paul Marcinkus, lo cual llevó a ciertas desavenencias entre Luciani, aún no nombrado papa, y el norteamericano, responsable de la dudosa administración vaticana de entonces.

>La Banca Cattolica del Veneto estaba especializada en préstamos con bajos tipos de interés hacia los más necesitados; quizá por esto el papa Luciani tomó cartas en el asunto. Giovanni Benelli, sustituto del secretario de Estado de la Santa Sede, le cuenta que existe un plan entre Roberto Calvi, Michele Sindona y Marcinkus para aprovechar el amplio margen de maniobra que tiene la Santa Sede: «evasión de impuestos, movimiento ilegal de acciones». La reacción de Luciani, recogida en el libro Con el corazón puesto en Dios: intuiciones proféticas de Juan Pablo I, es de una enorme decepción.

>Algunas obras de investigación abundan en la teoría del envenenamiento. El libro El día de la cuenta del sacerdote español Jesús López Sáez, presume que el sumo pontífice fue envenenado con una fuerte dosis de un vasodilatador.

>El libro In God''s Name (En el nombre de Dios), del investigador inglés David Yallop, defiende que fue envenenado por altos jerarcas de la Iglesia católica en complicidad con mafiosos vinculados con el Banco Ambrosiano y las hermandades secretas masónicas.

>En 1988 la Santa Sede abrió sus puertas al periodista John Cornwell y le dio todo tipo de facilidades para entrevistar a los testigos de la vida y muerte de Juan Pablo I, incluso algunos que nunca habían declarado en público sus vivencias. En su libro Como un ladrón en la noche. La muerte del papa Juan Pablo I entrevista a los secretarios del papa difunto, a Paul Marcinkus, a la sobrina (médico de profesión) del papa Luciani, a un sargento de la guardia suiza, a los embalsamadores, a periodistas, un agente del FBI que trabajó en Roma, a Joaquín Navarro-Valls, Radio Vaticano, los médicos del papa, etc. La conclusión fue que parecía inverosímil que el papa hubiera sido asesinado, atribuyendo su muerte a una conjunción de factores. Su carácter afable se vio aplastado por la burocracia vaticana y la presión de trabajo a la que fue sometido (el cardenal Villot reconoció que se sentía culpable de haberlo agobiado de trabajo con maletas de documentos), la poca ayuda que recibió del entorno para desempeñar su nueva función, sus problemas de salud (sobre todo circulatorios, embolias, trombos, etc.) que combinado con el estrés y un posible descuido en la medicación junto con la ausencia de trato por parte de los médicos del Vaticano, pudieron producir una embolia pulmonar la noche del 28 de septiembre de 1978.

>Sin embargo, varias fuentes acusaron a Cornwell de haber sido contratado por el propio Vaticano para dar esta información falsa, ya que se demostró que Albino Luciani no tenía ninguno de los problemas de salud mencionados ni tomaba medicación alguna, lo que ha dejado numerosas dudas sin resolver sobre la muerte del Sumo Pontífice.

Otras informaciones

Juan Arias, un periodista español del diario El País, con quién dialogué algunas veces en la oficina de prensa publicó en su diario el 5 de enero de 1991 el siguiente despacho:

Roma: Albino Lucían, el papa Juan Pablo I, apodado El Meteorito porque su pontificado, uno de los más breves de la Iglesia, duró sólo 33 días, no murió en la cama leyendo el Kempis, como había sostenido el Vaticano hasta ahora, sino sentado en su mesa de trabajo mientras examinaba un documento secreto que le había pasado la Secretaría de Estado. El hermano y una sobrina del Papa aseguran también que el testamento de Juan Pablo I ha desaparecido.

La revelación, llamada a remover de nuevo una muerte que siempre fue considerada misteriosa, la acaban de hacer al periodista Flavio Corazza, de La Stampa, el hermano del papa difunto, Eduardo, presidente de la Cámara de Comercio de Belluno y militante de la Democracia Cristiana, y su sobrina Pía Basso, profesora de literatura y viuda desde hace dos años, quienes han añadido que también el testamento que Juan Pablo I había escrito en el Vaticano ha desaparecido. El Vaticano, por su parte, ha señalado que para ellos sigue siendo válido el comunicado oficial emitido en la misma mañana de su muerte. Los dos familiares del papa difunto, católicos fervorosos ambos, habían conservado el secreto porque les habían convencido de que lo sucedido pertenecía "a un designio inescrutable de la Providencia".

Sentado en su mesa

La sobrina Pía ha afirmado ahora: "Aquella misma mañana, antes de las siete, me telefoneó don Diego Lorenzi, su secretario, y me dijo: ''Su tío ha muerto. Estaba trabajando sentado en su mesa de despacho. Lo encontró muerto la madre Vincenza, pero vamos a decir a todos que estaba en la cama y que lo encontró cadáver John Magee", explica la sobrina del Papa.

"Mi tío, cuando era papa, iba a dormir muy tarde. Se encerraba en su habitación después de cenar y leía hasta media noche. Leía los informes supersecretos que le enviaban de la Secretaría de Estado. En aquel momento seguía lo que pasaba en Panamá y en Nicaragua...".

"La tarde de aquel jueves 28 de septiembre de 1978 estaba leyendo aquellos informes. La luz estaba encendida y lo encontró muerto la madre Vincenza, la monjita que lo atendía. Se decidió decir que lo había encontrado el sacerdote irlandés porque no parecía bien que se supiese que una monja entraba en su habitación". La sobrina del papa Lucíani ha explicado que el cuerpo de su tío estaba aún en el sillón, con los brazos apoyados sobre él y la cabeza reclinada hacia el suelo.

El hermano del Papa, Eduardo, de 74 años, cuenta que tres días antes de su muerte fue a visitarlo antes de marcharse a Australia. "Nosotros nunca nos habíamos besado ni abrazado, pero aquella tarde él quiso besarme, y me abrazó con fuerza. Le pregunté si estaba bien y me dijo que sí. Pero yo me fui con un misterioso presentimiento dentro".

En sus otros encuentros con el Papa éste nunca le había hablado del caso Marcinkus, el presidente del IOR, el banco del Papa, con quien el futuro Juan Pablo I había tenido roces muy duros cuando era aún patriarca de Venecia. Pero antes de ser elegido papa le confió: "Por desgracia, hasta los bancos fundados por los católicos y que deberían disponer de gente de confianza se apoyan en personas que de católicas no tienen ni el nombre".

Un despacho de la Agencia efe del 29 de septiembre de 1993 decía:

Roma: El cardenal Silvio Oddi ha afirmado que en la muerte del Papa Juan Pablo I, de la que ayer se cumplieron 15 años, "se puede hablar de una cierta negligencia", según han publicado los diarios italianos."La noche antes de morir, Juan Pablo I, al término de la cena, sufrió una punzada en el corazón que le hizo gemir de dolor", pero pareció recuperarse rápidamente y se fue a dormir, tras asegurar que "no necesitaba un médico", explicó Oddi, encargado de la organización del cónclave tras la muerte del Papa.

"Los dos secretarios personales del Papa no dieron importancia al episodio ni se preocuparon de controlar después cómo se sentía el Papa", explicó el cardenal, de 80 años. Sin embargo, una noche después, el 28 de septiembre de 1978, "Albino Luciani sufrió el fatal ataque cardiaco" que acabó con su vida después de 33 días de pontificado. El cardenal Oddi recordó que "el Papa Luciani estaba ya muy cansado antes de ser elegido como pontífice. Cuando era patriarca de Venecia, la misa de los domingos le agotaba hasta el punto de que debía reposar después hasta el día siguiente".

Casi 40 años después, la muerte de Juan Pablo I sigue envuelta en el misterio.




Cumpleaños:

Silvia Lucero De Daneri

Docente
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