HISTORIAS CONTADAS CON DOS DEDOSJulio 28, 2017

Y un día se fue el Quito

Por Juan Carlos Bataller
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El entonces vicegobernador Rubén Uñac, entregó del Diploma de Honor y copia de la ley por la que fue declarado “Personalidad Destacada de la Provincia de San Juan” el Periodista Francisco Bustelo Graffigna.
Francisco Bustelo en su lugar de siempre: el local de Radio Colón en calle Mendoza
La foto muestra el momento en el que Bustelo presentó su libro Una voz de San Juan.

La noticia llegó este lunes. Y no por esperada, dolió menos: había muerto Francisco Bustelo Graffigna. Más concretamente: murió el Kito. No se por qué a veces escribo Kito y otras Quito. Se lo pregunté a Juan Bustelo, su hijo, y él me dijo que también lo escribía indistintamente.

Lo confieso: son esas muertes que duelen. En poco tiempo se han ido otros referentes de una época de la vida de San Juan, como Hebe Almeyda de Gargiulo, el Gringo De Lara y Ursula Bremer de Ossa. Demasiado.

Tengo algo en claro. Quito no era querido por todos.Es más, entre los que lo queríamos, no lo queríamos todo el tiempo. Pero para entender lo que fue Bustelo y por qué la repercusión de su partida, debo recorrer otros senderos.

Cuando hace un par de años Kiito decidió dejar el micrófono escribí que la vida hay que buscarla en la memoria.
Y hay que buscarla integralmente, con los cinco sentidos.
Decía que no es fácil internarse en los vericuetos de la memoria.
Seguramente nos encontraremos con una señora que se llama melancolía.
Y también con su hermana, la nostalgia.

Ellas guardan secretos de nuestro ser. Ellas saben porqué somos como somos.

La memoria guarda más imágenes de las que sospechamos.
Todos los sentidos guardan recuerdos en la memoria.
En mi memoria, por ejemplo, hay muchas voces.

Mi infancia y mi primera juventud, como la de todos los “muchachos” de mi generación, no conoció ni la televisión, ni las transmisiones satelitales, ni internet ni los teléfonos celulares.
La radio, en aquellos años, era nuestra ventana a la vida.
Las noticias, la música, la compañía, estaban ligadas a ese aparatito que mágicamente nos traía voces.
Y esas voces quedaron para siempre ligadas a nuestras vidas.


A diferencia con los personajes de hoy, que nos llegan de afuera, San Juan generaba sus propios acontecimientos.
>Los días de carnaval, con sus caravanas, sus chayas, sus bailes multitudinarios, tenían un acento absolutamente sanjuanino.
>Nuestros ídolos deportivos no eran los jugadores del Barcelona o el golfista Tiger Woods sino que se llamaban Victor Echegaray, Vicente Chancay, Payo Matasevach, Raul Venerdini, Elio Ripoll, Guillermo Riofrío, Polo Benegas, Catalini, Martinazzo, Santos Alvarez,
>El futbol local llenaba las canchas, las fiestas populares tenían como protagonistas a miles de sanjuaninos, los carruajes diseñados por Rufino Palomas y los muñecos de Degens, asombraban a chicos y grandes y la San Juan-Coquimbo-San Juan, y los circuitos callejeros, generaban un automovilismo “made in San Juan”que posibilitaba la aparición de figuras nacionales como el Colorado Zunino o Cascote Juarez.
>Y descubrimos la belleza de las voces sanjuaninas con Minguez- Barboza, los flacos De la Torre, o Los Manantiales…

En ese ámbito pasó mi juventud, con acento sanjuanino.

Eran los días que un jingle nos decía “Belén, urgente Belén…”. Y todos sabíamos que llegaban las navidades.


Pero la existencia de aquel San Juan bien sanjuanino no fue obra de la casualidad.
Independientemente de que San Juan fuera gobernado por aburridos militares o apasionados políticos, San Juan tenía como referencia a la radio.
Y vuelvo a mi cajita de recuerdos. Una cajita que entre otras cosas, guarda voces.
Allí están las voces jóvenes de Rony Vargas, de Mario Pareyra, de Hugo Rodriguez, de Nestor Paez, de Eduardo Guido Cialela, de Lucho Román, del aparcero Dario Bence, de Guido Iribarren, de Alberto Vallejos y su pandilla.


Pero además están los recuerdos ya de adulto, como periodista profesional, que también guarda mi cajita.
Por ejemplo, las primera elecciones en la España post franquista donde estábamos los representantes de los grandes medios de Buenos Aires y también con su grabador, un hombre de una radio sanjuanina, Lucho Román.
O una tarde en mi casa de Roma, luego de un almuerzo con Rony Vargas que acababa de llegar a Italia.
-¿Cual es el motivo de tu viaje?
-Venimos a cubrir la vuelta de Italia, de ciclismo.
-¿Les interesa esta carrera?
-Sí, porque corre un sanjuanino?
-¿Acaso puede ganar?
-No, no tiene ninguna posibilidad. Pero es un sanjuanino.


Aquella radio, que uno podía escuchar en todo el territorio provincial pero también en Córdoba, en Mendoza o en La Rioja, estuvo en los Estados Unidos cuando el hombre llegó a la luna, en Portugal por un mundial de hockey o en el Vaticano por la asunción de un Papa.
Aquellas voces que hoy forman parte de mis recuerdos, seguramente influyeron más de lo que yo creo en mi pasión por este oficio de periodista.

San Juan se estaba reconstruyendo luego de la gran tragedia. Y eran otros tiempos. Años en los que todos sabíamos que para cosechar es necesario sembrar previamente.


Hoy, ya en los años del regreso, me pregunto por qué se dan algunos fenómenos.
Hoy, cuando aquella radio nada tiene que ver con lo que se escucha en estos días, cuando algunas de aquellas voces queridas partieron para siempre, otras enmudecieron y algunas demostraron que podían hacer la mejor emisora del país desde otras tierras, me pregunto por qué una provincia como San Juan llegó a tener una radio de tal magnitud.
Algo tengo absolutamente claro: atrás de cada fenómeno de magnitud, siempre está el ser humano.
Aquella radio no fue grande por sus dueños ni por sus equipos ni porque San Juan fuera algo especial.
Fue grande porque coincidieron muchas voces con hambre de trascendencia, con pasión por lo que hacían, con amor por el contacto diario con miles y miles de anónimos destinatarios. Pero además, porque al frente de ese grupo había un hombre: Kito Bustelo.


Cuando hace un par de años Quito dejó el micrófono, para mucha gente seguramente fue un simple dato de la realidad.
Pero de todas, fue la noticia que más me impactó.
Era la confirmación del final de una época para la radio sanjuanina.

La vida, a veces, es impiadosa. Y debe haber hecho falta mucha agua para ir apagando tanta pasión.
Discutido, querido, contradictorio, ecuánime o sectario, agresivo o tierno. Todo lo fue. Pero por sobre todas las cosas, fue un grande. Fue el sanjuanino que hizo la mejor radio del interior del país.
Un espejo donde deberían mirarse las nuevas generaciones, tan apegadas a los límites que imponen los poderosos, a los horarios, a los anunciantes, a los fines de semana libres, a los libros de estilo, a la invasión infame de chimenteros, “mediaticos” y muestracolas.

Seamos realistas. Era difícil el Kito. Más de una vez discutimos, nos peleamos y nos amigamos. Y quizás por eso cuando presentó su libro me pidió que escribiera el prólogo. Y también por eso, cada sábado en la tarde me llamaba por teléfono para comentarme El Nuevo Diario y decirme qué le gustó y que no.

Bueno. Llego al final de estas líneas y no escribí sobre el Kito periodista, el Kito empresario, el Kito dos veces presidente del Banco San Juan, el Kito miembro de una familia prominente de San Juan, ligada a la etapa más gloriosa de la vitivinicultura sanjuanina.

Es raro. No tendría mucho para decir de esos temas. Están más ligados a Francisco Bustelo Graffigna.

La historia dirá que este lunes murió el Kito. El hombre que condujo una radio que fue la más importante del interior del país.


Cumpleaños:

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Fallecido:

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