IMAGENESAgosto 25, 2017

El ser humano: entre lo perfecto y lo imperfecto

Por Eduardo Peñafort
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En el momento en que me pongo a escribir esta nota recuerdo una de las ingeniosas salidas del Chango Illanes. Al preguntarle una persona: - ¿qué es la Profesora X?, el periodista respondió no por la ocupación, sino por el tipo de persona: - Cualquier cosa, menos humana. En el 2000 era un chiste pensar que se tendría que demostrar que uno es o no humano o en el peor de los casos hacía referencia a formas de conductas. En el 2017, la demostración de humanidad es un requisito para hacer trámites serios a través de la computadora.

Desde hace mucho tiempo la Prueba de Turing señaló las dificultades para distinguir entre una inteligencia humana y la artificial, para resolverlas se creó el test que era evaluado por un ser humano que hacía el reconocimiento. Ahora la cuestión se complica: una máquina es quien dirime si el interlocutor es o no humano. Imposible no evocar el visionario aforismo de Antonio Machado, quien con su gracia habitual escribió: “El ojo que tú ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque él te ve”.

Me refiero a CAPTCHA (siglas de COMPLETELY AUTOMATED PUBLIC TO TELL COMPUTERS AN HUMANS APARTE) – combinaciones de números y letras deformados – y sus posteriores modificaciones (tal el caso de señalar imágenes semejantes), como sistema utilizado para poder acceder desde computadoras a información vedada al público. El mismo consiste en una serie de imágenes supuestamente imposibles de ser interpretadas por un robot, a pesar que genera no pocas dificultades y muchas molestias a los seres humanos. La trampa para robots termina siendo una trampa para los seres humanos.

Los obstáculos no reconocen como causa sólo la distracción, negligencia o ignorancia del humano. Un problema es generado por el lenguaje utilizado en las consignas, puesto que las preguntas se corresponden con usos lingüísticos ajenos. Algunos ejemplos. Si pide que se seleccionen todas las imágenes de carreteras que aparecen en doce cuadros, surgen dificultades porque aparecen vistas de rutas y calles, convirtiendo al ítem en una dificultad para armar el conjunto, puesto que en lenguaje corriente de nuestro medio esos objetos son denominados indistintamente. Para solucionarlo no sólo es necesario ir a nuestro diccionario, sino también al de idioma de origen. Idéntica situación se produce cuando se refiere a “señales camineras” y se incluye un semáforo prendido (¿qué marcar?); otra versa sobre “automóviles” y entre las opciones aparecían camiones y camionetas. Conocemos el viejo aforismo: traducción es igual a traición; pero las consecuencias de la traición son diferentes cuando se refiere al sentido exacto de un poema o a una clave para saber el estado de un trámite jubilatorio.

Sabemos que un robot es una máquina que realiza tareas que exigen reacciones inteligentes. La palabra la inventó un literato y se remite a un vocablo checo que significa “servidumbre”, sin embargo a esta altura de las circunstancias habría que ver quién es el amo y quién el siervo. Mientras que para gran cantidad de personas estas pruebas son irresolubles, el 99,8 de ellas puede ser resuelto por los robots de última generación. La paradoja que se nos presenta es que las trampas para robot funcionan finalmente como principios de exclusión de seres humanos. Es imposible superar los problemas con una educación de la correlación mano, brazo, ojo, diccionario, etc., etc…..La filtración de robots deberá pasar por la imperfección. Si son perfectos – no dudan, entienden todo, tienen un pulso fijo - no son humanos.

Además de darnos una triste imagen de nuestra especie, una consecuencia de la relación entre personas y algoritmos es la cantidad de información que las máquinas recopilan y ponen a disposición de una inteligencia humana. Como efecto de ello, se abre un horizonte casi impensado de manipulación. El control a través del sistema ID resulta ilimitado.

Conviene recordar que además de perfectos, los robots no se reproducen solos – aunque colaboran bastante en los actuales procesos de reproducción humana-. Una inteligencia crea y mantiene máquinas que operan en la realidad virtual para intervenir en el mundo real. El tema entonces es que los robots no son autónomos, sino que mantienen su carácter de servidores de alguien. Son prótesis para un dominio perfecto de los imperfectos hombres que somos.

A la hora de pensar en los usos de la informática conviene recordar estos temas, para evitar la acción del ejército de trol, hackers y otros tipos de actores que nos dicen qué vemos, qué miramos, qué somos, cómo debemos pensar. Pero más allá de ello, está el tema de fondo: ¿qué imperfecto usa la perfección para el ejercicio de un poder perfecto sobre los imperfectos?




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Alicia Giuliani

Docente Universitaria
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