HISTORIAS CONTADAS CON 2 DEDOSSeptiembre 1, 2017

Basta de jugar a ser Dios

Por Juan Carlos Bataller
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Dibujo Miguel Camporro

De pronto, uno lee testimonios y se pregunta: ¿quién quiere vivir eternamente?

Parece que mucha gente. No importa a qué costo ni con qué calidad de vida.

Surgen negocios de una magnitud asombrosa.

Dentro de poco estará prohibido envejecer y para colmo morirse será un fracaso personal y profesional.

Algunos amigos ya entraron en esa onda y me envían mails optimistas: “envejecer está en la mente”, “los 70 de ahora son los 60 de antes”, dicen.

Los médicos, por su parte, dicen que considerar a alguien como un anciano es discriminarle por lo tanto se los empuja a tratar igual a un hombre de 40 años que a un anciano de 90.

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Me contaba un amigo profesional: “Resulta inaudito ver las listas de medicación de personas tan extremadamente deterioradas que ni saben para que son sus 20 pastillas ni las pueden tragar; resulta trágico ver a ancianos sometidos a procedimientos agresivos (endoscopias, implantación de marcapasos….) cuando están tan dementes que no pueden firmar su propio consentimiento; resulta dramático saber de personas muy mayores que permanecen atados a las camas para evitar que se arranquen las sondas naso-gástricas que les alimentan artificialmente; resulta desgarrador clavar vías y hacer radiografías a pacientes que clínicamente están dando sus últimas bocanadas; resulta inhumano comenzar antibióticos o trasfundir sangre a alguien que dejó de reconocer a su familia o saber su nombre hace una década”.

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Es así. De tanto preocuparnos en vivir, nos hemos olvidado de morir.

Pareciera que ni siquiera los que viven hablando de ir al cielo aceptan la muerte.

Vivimos acosados por una sociedad que quiere continuamente rejuvenecernos, que nos mete por los ojos pócimas mágicas, productos con propiedades sobrenaturales, cirugías reparadoras, ejercicios para el cerebro, chequeos exhaustivos y cualquier otra cosa que retrase el final.

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Un grupo de expertos se propuso estudiar cuál sería el límite en edad que podría vivir un ser humano. Llegaron a la conclusión que lo máximo serían 125 años. La investigación fue publicada en la revista Nature.

”Algunas evidencias apuntan a que la esperanza de vida máxima no es fija. Hay estudios a partir de modelos de organismos que muestran que la esperanza de vida máxima es flexible” –dice el artículo de Nature.

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A propósito de esto viene a cuento una historia real.

En 1965, un señor llamado André Francois Raffray tenía 47 años y creía estar haciendo el negocio de su vida. Notario de profesión, negociante por vocación y oportunista poco previsor, propuso a la señora Jeanne Calment, nacida en 1875 y que entonces tenía 90 años, pagarle una renta mensual de 2.500 francos a plata de hoy unos mil dólares, hasta el día del fallecimiento de esta, a cambio de su vivienda, en lo que podríamos calificar como una hipoteca inversa.

Jeanne Calment vivía en un céntrico piso en la localidad francesa de Arlés en la Costa Azul. Esta nonagenaria había enviudado en 1942, perdido a su única hija Yvonne en 1934 e incluso a su nieto Frédéric, fallecido a causa de un accidente automovilístico en 1963. Al no tener descendencia ni familia directa, accedió a firmar el acuerdo con el notario Raffray. Este calculaba que la anciana viviría como máximo unos 10 años más (hasta los 100) y él tendría un céntrico y formidable piso por poco más de 300.000 francos.

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Pero el destino en algunas ocasiones juega malas pasadas e hizo que la señora Calment se convirtiera en el ser humano más longevo de la historia, llegando a vivir hasta los 122 años, dos años más que André Francois Raffray, que murió el día de navidad de 1995 a la edad de 77 años. La viuda de este tuvo que seguir pagando durante los dos años siguientes la cantidad acordada por su marido.

Jeanne Calment falleció hasta el 4 de agosto de 1997.

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Y acá viene la otra parte de la historia.

La señora Calment pasó una gran parte de esos 22 años ingresada en una residencia para ancianos, estando el piso vacío durante todo ese tiempo y por el que recibió una gran cantidad de dinero que no pudo disfrutar. Es más, en sus últimos años ni siquiera reconocía a quienes la visitaban.

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Y bien. Acá estamos. Algunos aferrándose a la vida aunque ya no sea una vida digna. La cuestión –mis amigos- no es si viviremos hasta los 90 o 100 años. El límite de la vida es llamativo pero secundario. La cuestión importante es cómo viviremos los años ganados a la muerte, si posponemos las limitaciones funcionales y la discapacidad. No hay respuesta clara de los científicos a esta cuestión.

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Una viejita española escribió en estos días en un diario madrileño:

-Yo de mayor quiero ser anciana, sí señor, yo quiero ser vieja. Y si me demencio quiero acabar cuando antes la tragedia de no ser yo. No quiero médicos majaderos que alarguen mi vida solo porque la ciencia se lo permite. La misión de un médico incluye también asegurar el bienestar de los pacientes terminales y nadie hay mas terminal que un anciano escarado, dependiente y sin memoria de haber existido. Nadie.

Ya está bien de esta medicina agresiva, inhumana, descabellada y absurda. Ya está bien de jugar a ser dios.

Ya está bien.




Cumpleaños:

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Músico

Fallecido:

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El sepelio se realizará hoy, a las 16:00 horas, en el cementerio...
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