ALGO DE ALGUIENSeptiembre 15, 2017

Casual mente

Por Gustavo Ruckscholss
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Dibujo Miguel Camporro

Hablando con alguien, me contaba que, tras haberle ocurrido un incidente en la calle, llegó a su casa y encontró algo que, justamente hablaba del mismo tema. Cuando me lo contaba, decía que no creía en las casualidades. Pregunté si realmente había ocurrido como él contaba las cosas y me dijo que sí. Entonces, hubo una casualidad, fue coincidencia o como se le quiera llamar. Si ocurrió. Ocurrió, por más que nuestras creencias sean otras; por más que haya tantas teorías en contra y otras tantas a favor. ¡Claro que existen las casualidades! ¿Por qué no habrían de existir? De ahí a que las queramos asociar con cualquier otra cosa, corre por cuenta nuestra... Si ocurrió y le queréis llamar coincidencia o suerte, llámale.

Puedo pasar por debajo de una escalera y cruzárseme un gato negro y no pasarme nada. O sí. Y si ocurriera, sería una casualidad y no un presagio cumplido ni una maldición gitana. Hubo alguna coincidencia. El mundo, la vida está llena de coincidencias y casualidades y eso no significa más que eso: que existen. Punto.

Si fuera por buscar relaciones, las hay de lo que se quiera con lo que fuera. Desde la muerte de Kennedy justo en la fecha que tenía cita con el médico que fue vecino de la abuelita del que atentó contra el Papa, etc., etc. Si encima se lo condimenta con números, todo es más creíble. Eso, hablando de ejemplos que vemos y oímos todos los días, porque, insisto, todo puede relacionarse con todo y, si encima contamos con la complicidad de las matemáticas, podemos tener la casualidad artificial que queramos.

Fuera de esto, hay casualidades verdaderas como la de llegar justo cuando quedaba la última entrada para el teatro. O el amor a primera vista, es una casualidad maravillosa que enfrenta a dos personas, hasta entonces desconocidas, en un mismo lugar y a un mismo tiempo. Como sea, ocurre, no es frecuente pero ocurre, esa es una casualidad típica.

Hay otras más frecuentes que nos pasan desapercibidas y que no tienen tanta prensa. Por ejemplo, mientras buscamos jabón en el súper encontramos, sin buscarla, tal cosa que hacía tiempo no encontrábamos. O cuando fuiste a rendir la materia más brava, justo faltó el profe más exigente y aprobaste. Aparte de suerte, eso es casualidad. Es decir que la casualidad existe, es de uso diario aunque no tenga aura más que de coincidencia y, además, casi siempre es linda, casi siempre junta hechos, personas o cosas que hasta ese momento andaban, cada cual por su lado. Y eso es bueno. Salvo que se trate de dos vehículos que se encuentren en el mismo lugar y al mismo tiempo. Normalmente se le llama choque pero es una coincidencia, una casualidad.

Esta idea de escribir sobre tema tan importante y trascendental, se me ocurrió de casualidad.




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