ALGO DE ALGUIENNoviembre 10, 2017

Miedo

Por Gustavo Ruckscholss
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Dibujo Miguel Camporro

El miedo es una porquería, pero está bien hecho. Porque desde la época de los dinosaurios nos viene salvando la vida. Más de una vez nos hubieran masticado si no fuera porque un miedo oportuno nos salvó el pellejo. Desde allí en adelante, parece que fuimos llevando el miedo por todos lados y en todo momento. Apareció el miedo a la oscuridad cuando hubo lumbre; miedo al hambre en épocas de escasez; a la sequía, al vecino del otro lado del rio. A las armas cuando se inventaron. Desde el garrote hasta la burundanga. Para tener menos miedo se juntaron entre muchos para defenderse de otros, que, con el tiempo, también fueron muchos (parece que el miedo se reparte cuando somos varios, nos creemos que el nuestro pasa a ser más chiquito). Está de más decir que desde aquellos tiempos hasta hoy, los miedos han mutado, crecido, esparcido y, sobre todo, fueron usados como excusa para hacer cosas....que dan miedo.. Caso concreto y reiterado, son las guerras.

En menor escala, o no, están los miedos a las enfermedades, a los vecinos, a la suegra y, en especial, a los políticos. Grupo singular ocupan los cobradores, la AFIP, el almacenero de la esquina y el cuñado. Son personajes que nos dan miedo por las malas intenciones que siempre cargan.

Todos los mencionados son entendibles y nos han permitido sobrevivir aunque sea a las disparadas. Están, aparte de ellos, los miedos que nos hacen mal; esos que cuando tenemos que dar el gran salto de nuestras vidas, nos hacen recular. Aparte del daño inmediato, nos queda el cargo de conciencia hasta no sé cuándo. Son esos miedos que nos hacen creer que la vecinita de enfrente no nos llevará el apunte hasta que un día la vemos noviando con uno más feo y zonzo que nosotros. Esos miedos que nos impiden pedir un aumento de sueldo o un ascenso en el trabajo. Son esos que nos hacen fruncir en un examen. Entre los inentendibles está el que nos invade cuando estamos por pasar por alguna aduana, aunque no tengamos ni el pensamiento de contrabando. Es ese pensar que nos descubrirán algo sancionable que ni nosotros sabemos. Aparte de no entenderse, es un miedo estúpido, porque si fuéramos narcos o algo así, vaya y pase, pero estamos "limpitos", tendríamos que andar lo más panchos; pero no es así. Espero que un día algún pensador me lo explique. Como se ve, es un tema amplio, variado y tan complicado que da miedo.




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Gabriel Alejandro Espínola

Técnico Universitario en Turismo
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