POLITICANoviembre 17, 2017

La política no cambia sólo por meterlos presos

Por Juan Carlos Bataller Plana
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Amado Boudou y Julio De Vido esperan tras las rejas que la justicia decida sobre su futuro

Ya están las imágenes de Julio De Vido y Amado Boudou detenidos. Pasó el shock de la noticia que un vicepresidente de la Nación terminara tras las rejas y la sorpresa que el otrora ministro todopoderoso terminara su carrera política escribiendo cartas con amenazas veladas desde un servicio penitenciario.
Estas imágenes regocijaron a muchísimos argentinos e indignaron a otro importante sector de la población. Ahora falta definir la situación de Cristina Fernández y de Máximo Kirchner. ¿Y después qué?


El tema de fondo, y el que más debería preocupar a los argentinos, es si van a cambiar los partidos políticos, si se van a modificar los sistemas de licitaciones, si los organismos de control comenzarán a hacer su trabajo, si la AFIP va a ser un seguimiento de los funcionarios públicos y los empresarios allegados al poder, si se puede erradicar para siempre la corrupción en todos los estamentos públicos, si la justicia comenzará a ser implacable con los que están en el poder ya que siempre fueron muy complacientes con los que gobiernan y actúan muy rígidos con los que se han ido.


Las experiencias del “mani pulite” en Italia a principios de la década del ‘90 y el “lava jato” brasileño de estos últimos años, es que no alcanza con la decisión de la justicia de meter presos a los funcionarios. En Italia fueron condenados cuatro ex primeros ministros, 438 políticos y 872 empresarios. Hubo 2.993 mandatos de prisión y 6.059 investigados. Once de los condenados se suicidaron. Terminó con la mayoría de los partidos políticos tradicionales. Tras 25 años de la cruzada que comenzó el juez de Milan, Antonio Di Pietro, poco cambió en la práctica. Es más, tras el escándalo, quien gobernó durante 20 años fue Silvio Berlusconi, un empresario que precisamente no goza de la mejor reputación.

En Brasil, tras el escándalo que hizo caer el gobierno de Dilma Rousseff, quedó en el poder su vicepresidente Michel Temer, un político sospechado de corrupción y muy debilitado.

No podrá cambiarse el sistema de prebendas y corrupción en Argentina si la justicia no va a fondo.
Más allá de Lázaro Báez, no hay empresarios detenidos y es tan delincuente el funcionario coimero como el que le paga impunemente esa “cometa”.
Es más, la mayoría de las empresas que ganaron las licitaciones en la gestión kirchnerista, siguen obteniendo grandes obras. Y son los primeros que desconocieron a Julio De Vido.

Muchos de los prestadores de servicio que se hicieron millonarios en los últimos años, se sacudieron un poco el traje, se reciclaron rápidamente, desconocieron a los anteriores y siguen haciendo grandes negocios con quienes detentan ahora el poder.


Para que realmente se cambien las cosas en el país, se debe primero cambiar la forma de ser de los argentinos. Hay una corrupción estructural que atraviesa todos los sectores y todos los niveles. Desde quien hace una inspección, quien apura o traba un expediente, quien hace la vista gorda, son muchos los corruptos que cobran y a su vez permiten la corrupción.
Y cambiar esto llevará mucho tiempo y una fuerte decisión política de quienes encabecen los poderes. Al ser una corrupción en todos los niveles, no es fácil erradicarla totalmente.


Párrafo aparte para los jueces y sus manejos de los tiempos procesales. Es tan grave la pasividad durante años para mirar hacia otro lado y no investigar como las medidas populistas y para la tribuna que pide más políticos presos.
Mientras los sistemas de elección y de remoción de los magistrados siga ligada tan fuertemente a la política, los jueces no serán totalmente independientes.
Muchos de ellos tienen dignidad para poner límites, para ejercer la magistratura como se debe pero también son varios los jueces que nunca investigarán un acto de corrupción de un funcionario que ostente un cargo.


Hasta ahora hay cambios de forma pero no de fondo. Hay anuncios del presidente Mauricio Macri que va a terminar con nichos de corrupción pero hasta ahora son más declaraciones que cuestiones de fondo. No hay cambios en la forma que se hace política, en cómo se eligen los funcionarios, en la manera que se ganan licitaciones.
Sería un fracaso para Argentina si dentro de dos o de seis años estuviéramos pidiendo la detención de los actuales funcionarios... O si creemos que con Boudou y De Vido presos, dejamos de tener corruptos en el país.




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