ALGO DE ALGUIENDiciembre 1, 2017

Sencillo

Por Gustavo Ruckscholss
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Dibujo Miguel Camporro

Me encontré con un amigo y, mientras esperábamos en una cola, hablábamos de todo un poco. Me dijo que había leído mi columna en El Nuevo Diario de la semana anterior, que le gustó pero que no entendió el mensaje. Le dije que yo no escribía para dejar mensajes; que si alguna vez dejaba alguno era por suerte. "Entendé, no soy escritor ni mensajero, soy un tipo común que escribo lo que se me ocurre, lo que veo y vivo; por ahí relaciono cosas o pensamientos que para alguien pueda ser un mensaje; si es así, me alegro", dije. "Tenés razón y el derecho a escribir lo que se te antoje aunque yo no reciba ningún mensaje". "A vos te gusta ver los partidos de futbol y comerte buenos asados, y no por eso sos cocinero ni entrenador; hacés cosas sin pretender dejarle un mensaje a nadie. Lo que hacés te sale de adentro y tratás de que te salga bien, sin otra pretensión. Eso mismo hago yo cuando escribo. No es como un cirujano que debe saber a la perfección su rutina para que el resultado sea el esperado... Aquí las diferencias: No espero resultados; no hago nada a la perfección, por suerte nadie depende de lo que escribo y no tengo rutina para nada. Cualquiera que tenga un hobby y lo practique con regularidad llega a tener una cierta solvencia en lo que hace, dije". "Ta bien, te entendí”, me dijo, y agregó: “tenés suerte que te publiquen y no te metan preso. Yo te quiero igual". Me dio un abrazo y se alejó.

Me dejó pensando en que hoy es inadmisible que uno no pretenda el estrellato. Todo debe ser sublime, excelso o más. Todos queremos trascender, en lo que sea; en el asado o en resolver la crisis de Cataluña aunque recién hoy sepamos dónde queda España. No hay gente que se crea común; todos queremos ser (o tener) más; aunque debamos pagar precios enormes en tiempo, dinero, esfuerzos, etc. Si es espíritu de superación, no está mal, pero me parece, a veces, que es una mala mezcla de consumismo, envidia, arribismo y vanidad.

Ayer, pasando por lo que queda de una antigua casona, ya muy deteriorada, le contaba a mi hijo que fue de una familia muy rica y poderosa en su tiempo. "Y de qué sirvió tener tanto si se murieron igual que cualquiera", me dijo su sabia juventud. ¿Hace falta agregar algo más?

Seamos honradamente lo que podamos ser....y disfrutemos los logros por chicos que sean. Logros para nosotros, no para la noticia social de hoy. Seamos lo mejor que podamos y que nos deje bien de ánimo y conformes.




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