POLITICADiciembre 1, 2017

Fuerzas desarmadas

Por Juan Carlos Bataller Plana
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El destructor misilístico Santísima Trinidad, hundido en enero de 2013 en la base naval de Puerto Belgrano por la rotura de una válvula de seis pulgadas, fue rescatado tres años después para transformarlo en museo

Muchos argentinos están en la búsqueda del traste que sea culpable del submarino hundido para pegarle una gran patada. Para una parte del país, la culpable es Cristina Fernández. Para otro gran porcentaje, Mauricio Macri es quien debe asumir las responsabilidades. Lo mismo pasa con el tema Mapuche. Están los que quieren que actúen las fuerzas de seguridad y los saquen a los tiros del país y están los que dicen que hay derechos ancestrales y un grupo de personas puede desconocer al Estado Argentino sin consecuencias.


Encontrar al culpable hace que nos quedemos tranquilos. El problema es que no se solucionan los temas, sólo se encuentra un traste para pegarle un gran patadón.
Más allá que sigue siendo la prioridad encontrar el submarino y de ser posible, poder recuperar los cuerpos de los 44 argentinos para que sus familiares puedan comenzar un duro duelo, más allá que es necesario que la jueza a cargo de la causa investigue las responsabilidades, lo que hay que discutir en forma madura es saber lo que se hará con las Fuerzas Armadas.
Lo primero será determinar para qué las queremos. Parece una pregunta absurda pero todavía no tiene respuestas si están para proteger el territorio o para repeler manifestantes.


Las Fuerzas Armadas en todo el mundo están formadas para entrar en combate, defender un territorio, para aniquilar al enemigo, para destruir.
No están formadas para actuar con la población civil. Para eso están las fuerzas de seguridad, como Gendarmería -que es militarizada- Prefectura Naval y Policía Federal.
El problema es que desde hace años se busca que las fuerzas militares intervengan en el orden interno ya sea evitando contrabando o participando en operativos contra el narcotráfico.
Desde 1853, las Fuerzas Armadas entraron directamente en guerra en dos ocasiones, en la Guerra de la Triple Alianza contra Paraguay en el Siglo XIX y la Guerra de las Malvinas en 1982. Y Argentina participó en un rol muy secundario en la Segunda Guerra Mundial y en el Golfo Pérsico. Si participó el país en numerosas ocasiones en los Cuerpos de Paz.


Hay países como Estados Unidos o Rusia que destinan grandes sumas de presupuesto para mantener grandes ejércitos. En Sudamérica, Brasil, Colombia y Chile tienen Fuerzas Armadas muy equipadas. Argentina no invierte desde 1983, es el país de esta parte del mundo que menos invierte en sus Fuerzas Armadas. Primero fue por una cuestión política. En el Siglo XX los militares se autonominaron los guardianes de la moralidad del país y se creyeron -con apoyo de civiles- con el derecho de intervenir los gobiernos democráticos. Es así que la principal función de los militares en el país desde la Constitución de 1853 hasta nuestros días fue interrumpir gobiernos violando la Carta Magna. Tras el retorno de la democracia, el poder político se quiso asegurar que los militares no tuvieran más posibilidades de generar estructuras de poder en las sombras. Y muchas veces las Fuerzas Armadas pasaron a convivir con situaciones indignas.


Hoy el 84% del presupuesto de las fuerzas va a salarios y retiro, un 12% se destina a funcionamiento y un 4% a reequipamiento y mantenimiento. El presupuesto de Defensa tendrá un incremento de 14% -menos que la inflación- en el 2018
Manejará una asignación de $42.958,7 millones y se autorizaron préstamos por casi U$S 900 millones en abril. Si se quiere hablar en serio de equipar las fuerzas habría que duplicar ese monto. Y ahí viene la pregunta de fondo. ¿Necesitamos unas Fuerzas Armadas superprofesionalizadas o hay que seguir con un presupuesto bajo? Porque lo que se aumenta tiene que salir de otras partidas. Y nunca vamos a poder competir con el poderío militar de las potencias. Ese debate se tiene que dar sin ideologías, poniendo en la balanza todos los pro y contra.
Eso sí, lo que está claro es que no se puede seguir con el sistema imperante de las últimas décadas, con militares mal pagos y equipamiento obsoleto que a duras penas sirve para participar en los desfiles de cada provincia.


Lamentablemente pasarán los días, el ARA San Juan saldrá de las noticias de los medios, de la agenda pública y en la próxima tragedia volveremos a buscar un traste para pegarle el mayor patadón posible y volvernos a quedar tranquilos.




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