ALGO DE ALGUIENMarzo 9, 2018

De actualidad

Por Gustavo Ruckscholss
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Dibujo Miguel Camporro

No soy muy asiduo visitante de los centros de compras, shopping o patios de compras. Voy a ellos de cuando en cuando. Eso lo corroboré los otros días cuando fui a uno que está en avenida Libertador. Comencé por ver los locales de la planta baja; vi que había cambios en varios locales; que lo habían agrandado y que los niños tenían más lugares para jugar y entretenerse. Hay locales de modas, de regalos y decoración, de comidas, cafeterías y para deportes. Lo típico en estos lugares. Seguí hasta donde se sube a los cines y seguí mirando y de repente vi que, donde había una simpática librería, a la que solía ir, estaban instalando otro rubro. Con pena me paré a ver de qué se trataba y vi que era un lugar dedicado a la estética femenina. Una especie de sucursalita de un sanatorio, pero dedicado exclusivamente a embellecer a las damas. Pensativo regresé y, mientras bajaba por las escaleras mecánicas, pensaba que hasta esto está pensado para pasarla bien, no hacer esfuerzo ni para llegar a hermosearse.

Adentro del gran patio, el clima es perfecto; todo es lindo y puesto para gustar; no hay mendigos ni piquetes; todo brilla y reluce. Desde el auto hasta los niños están amparados por ese micromundo de comodidad y disfrute. Todo está a la moda y, lo que desentona, dura poco. Así le pasó a la librería. Ignoro totalmente lo que pudo haber pasado, pero es fácil suponer que quienes van a pasarla bien y livianitos, no buscarán libros precisamente. En cambio sí querrán lucir lo más bellas posible. Es perfectamente entendible. Es el signo de la hora. Hoy, parece que que es muuuuuucho más importante verse lo mejor posible por fuera, que ilustrarse por dentro. No estoy generalizando porque siempre hay quien prefiera la sustancia más que al envase, por suerte. Además, es muy válido que quien se cultive por dentro, también lo haga por fuera. Son personas normales y de curso legal, libres, lindas y alegres. Tienen todo el derecho de elegir, y eso es lo que hacen. Por eso, el cambio es lógico. También es cierto que la mayoría de lo que los veteranos buscábamos en los libros, hoy se lo lleva en la mano o en el bolsillo, en este mundo digital. El progreso técnico nos atropella cada día más en todos los órdenes de la vida. Espero que sea para mejorar lo que ahora llaman calidad de vida que, en mi época, también incluía poder leer poesía (en un libro), en un jardín con flores.




Cumpleaños:

Néstor Adrián Campillay

Poeta
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