IMAGENESJunio 1, 2018

Los creativos y sus obras

Por Eduardo Peñafort
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“San Juan se viste de arte” se expone en el Foyer del Auditorio

Desde el 8 de mayo del corriente, se expone en el Foyer del Auditorio Juan Victoria una muestra colectiva de expresiones de arte visual denominada “San Juan se viste de arte”. Se trata de la edición 2018 de la versión sanjuanina de “Mi mejor obra. Muestra Federal de Artes Visuales”, organizada por la galería “Página de Arte” y coordinada por Graciela Faedo. Participan del proyecto 17 provincias y otros países latinoamericanos, que exhibirán las producciones de sus artistas vernáculos en 70 espacios artísticos; y numerosos creadores sanjuaninos han sido receptivos a la convocatoria.

El tema propuesto en sí mismo despierta interés porque pone el acento sobre un punto pocas veces explicitado, tal cual es la valoración que el productor realiza sobre su obra. De este modo se pasa por alto el proceso de curaduría, en el que siempre se anida el peligro de la no coincidencia de los criterios de selección del curador y el expositor. La muestra adquiere así el carácter de un contacto directo con el espectador, una comunicación personal que a su vez, permite a los asistentes entrar en los laberintos de las poéticas que sostienen los procesos creativos.

La historia de la “obra mejor” para su creador es la contraversión de la “obra maestra” – en tanto que en la tradición gremial significa una obra aprobada por los pares y justificada desde una normativa estética ajena a la interioridad del autor -. No consiste en la obra que “mejor salió”, por el contrario, la muestra permite conocer el despliegue de la multiplicidad de motivaciones que llevan a construir símbolos en el lenguaje de las artes visuales, así también como los principios que guían la ejecución y su difusión. Justamente por esta razón, si uno adopta este punto de vista, el evento devela sutilmente mundos interiores diversos.

Si se toma la obra expuesta por Mario Pérez, el artista provincial más consagrado y mejor cotizado, se descubre en una realización de pequeño formato la síntesis de los intereses temáticos, la manifestación de sus recursos formales y la apelación a la empatía con los sentimientos que explican su trabajo. Se trata de un ejemplo del estilo alcanzado y sostenido por su capacidad de conmoción que trasciende las fronteras del medio. Más que “la mejor obra”, el artista elige dar a conocer un bellísimo documento de la línea de sus búsquedas creativas.

Participa también con una obra la conocida artista plástica Silvina Martínez. Dotada de una personalidad en permanente recreación ha elegido exhibir un trabajo en el que se cruzan diversas vertientes de su poética. Las figuras se emparentan con una serie realizada hace varios años – en aquella oportunidad articuladas en una singular ambientación – que reflejaba el profundo impacto de las tradiciones peruanas, bolivianas y del norte argentino sobre su estética. ¿Cómo definir la pertenencia a un lenguaje visual? Resulta difícil. En un sentido material, se trata de una producción dentro de la textilería, pero claro más allá de ello el color y la construcción iteran la caligrafía de la pintura de la autora. Pero todavía más, quienes conocen a Silvina Martínez no podrán evitar relacionar esta producción con su concepto de atuendo; por ello y de una forma en espiral, la obra configura una referencia a la performance que supone sus apariciones públicas. Si se acepta esta lectura, la obra considerada mejor es la que da la clave para reunir elementos muy dispersos.

Alejandra Carabantes ha elegido una obra muy representativa de los intereses que la conducen a ubicar sus creaciones sobre el lenguaje del dibujo. Heredera de una línea de trabajo que rompió con las divisiones canónicas entre los usos del dibujo en diversos estratos culturales, es una precursora del desarrollo que se ha producido en el diálogo con las expresiones de la gráfica de la cultura de masas, que se ha encauzado en formatos tales como el mural público. Totalmente acorde con esta posición, ha elegido su mejor obra por motivos seguramente personales, pero que confirman su profesión de fe en el camino elegido.

Analía Russo propone la contemplación de una serie de guijarros intervenidos, probablemente en este caso se trate de una obra con la que se identifica plenamente, puesto que subyace el proceso comprometido de la poética del “objeto encontrado”, tratar de encontrar elementos en el mundo natural que le permitan alcanzar una expresión.

Una muestra interesante, puesto que lejos de interferir por su variedad, este carácter es el que valida su criterio organizativo.


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Roberto Pugliese

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