ALGO DE ALGUIENAgosto 10, 2018

...años de brújula

Por Gustavo Ruckscholss
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Dibujo Miguel Camporro

Estaba en un negocio de carpintería hablando con los muchachos de cualquier cosa, y en una de esas, salió el tema de la imagen; de cómo ahora es casi más importante que el contenido. En todo, en cualquier producto que se quiera vender. Para imponerse en lo suyo debe tener mejor imagen que todos los de su tipo... A veces, casi, importa más que el producto en sí.

Otro puede ser igual o mejor, pero si no tiene la mejor imagen, pierde. Esto ocurre con todo, todo y, en especial, con las personas. Hoy es un culto a la facha, y si no estás en la onda, perdiste. Hablábamos de ese tema cuando yo dije que casi no me miraba la cara en el espejo; que casi me afeito sin mirarme, automáticamente, y casi ni me doy cuenta que el tiempo pasa más que cuando mis coyunturas me lo hacen notar. Creo que soy el mismo de siempre, creo no haber cambiado; y seguimos charlando que uno no se da cuenta del paso del tiempo y mentiras por el estilo.

Macaneando sobre el tema estábamoscuando apareció un adolescente vestido y producido conforme se usa ahora, muy desenvuelto. Traía una madera en la mano para que le hicieran un cierto trabajo, El encargado le explicó que ese tipo de trabajo no lo hacían porque no tenían una determinada máquina. Le dijo que un carpintero del barrio se lo podía hacer sin problemas, que fuera al taller de don Juan. Te vas hasta la esquina y al llegar a la otra cuadra, enfrente, encontrás la carpintería ¿entendiste? Sí, sí señor, contestó. Al ratito apareció a preguntarle de nuevo la dirección. Se la dijeron y se fue. Tardó menos todavía en volver y, con el celular en la mano, pidió que le enseñara con el GPS dónde era el lugar. Demás está decir que casi le dijimos alguna barbaridad. Educadamente salió uno de los muchachos y lo acompañó hasta la esquina y señalándole con la mano el lugar, que era visible a simple vista, lo
dejó.

Mientras, yo pensaba; él es joven y tiene su imagen como tal, a la perfección; viste y se conduce como actual y usa cuanto adminículo se impone hoy. Supongo que se mira bastante más que yo en el espejo y debería manejar mejor que yo el GPS, sobre todo, para una simple y elemental búsqueda. Pero, por sobre todo, me asombró la total falta de sentido común, de ubicación y de la menor habilidad para encaminar una solución. Supongo que la vida le propinará suficientes contratiempos como para adquirir la experiencia necesaria para sobrevivir en la vida real. En la de verdad. En la que no es virtual. En esa para la que la imagen, solamente, no alcanza. En la vida de carne y hueso; de ladrillos y verduras; de tropezones y alegrías. Eso espero.

Al irme, uno de los muchachos me gritó “...y mírese en el espejo de vez en cuando”. Sutil manera de decirme veterano.




Cumpleaños:

Roberto Pugliese

Dirigente radical
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