TENISAgosto 10, 2018

El camino de Del Potro para subir del puesto 1.045 al 3 en dos años y medio

Entre febrero de 2016 y este viernes, el tandilense conquistó cuatro títulos, ganó una medalla olímpica y levantó la Copa Davis.

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Del Potro

Sólo dos años y medio pasaron desde aquel 8 de febrero de 2016 en el que Juan Martín Del Potro tocaba fondo y aparecía en el puesto 1.045 del ranking, el más bajo que ocupó como consecuencia de su ausencia por las tres operaciones en su muñeca izquierda, a las que se sometió entre marzo de 2014 y junio de 2015.

Dos años y medio que pueden sonar a una eternidad por todo lo que vivió el tandilense desde entonces, pero que parecen muy poco tiempo si se piensa que en apenas esos treinta meses, Delpo protagonizó un ascenso vertiginoso y sorprendente para llegar al número tres del mundo por primera vez y quedar como escolta de dos leyendas vivas del tenis: Rafael Nadal y Roger Federer.

Con cuatro títulos ATP, una medalla olímpica, la histórica consagración con el equipo argentino en la Copa Davis, varios encuentros inolvidables ante grandes rivales y picos de altísimo rendimiento, la La Torre de Tandil fue construyendo, partido a partido, torneo a torneo, su camino hacia el top 3.

Delray Beach 2016 fue el punto de partida. El certamen estadounidense, al que ingresó con ranking protegido, marcó su regreso a las canchas luego de casi doce meses sin jugar y dos temporadas en las que había disputado apenas seis torneos, cuatro en 2014 y dos en 2015.

Allí, Del Potro ganó tres partidos consecutivos y cayó en semifinales ante el local Sam Querrey. Y con los 90 puntos que se llevó pudo escalar más de 600 puestos en el ranking.

Dado el primer paso, el tandilense necesitaba recuperar el ritmo y la confianza en su juego y perder el miedo de usar una muñeca izquierda que todavía, por momentos, le molestaba un poco. Todo fue llegando de a poco.

En mayo, en el Masters 1000 de Madrid, su primer certamen sobre polvo de ladrillo en más de tres años, derrotó por primera vez desde su regreso a un top 20. Fue en el debut ante el austríaco Dominic Thiem, un especialista en canchas lentas, y se aseguró la 229ª posición en el ranking.

Casi dos meses más tarde, en Wimbledon, subió la vara, venció en cuatro sets al suizo Stan Wawrinka, cinco del mundo, en la segunda ronda y consiguió su primera victoria ante un top 10. En ese momento ya estaba 165° en el escalafón. Pero lo mejor de la temporada aún estaba por llegar.

Tras su vuelta a la Copa Davis luego de cuatro años en la semifinal ante Italia en Pesaro, que Argentina ganó por 3 a 1, Delpo desembarcó en Río de Janeiro para disputar sus segundos Juegos Olímpicos. Y allí vivió una semana soñada. Venció a Novak Djokovic, número uno del mundo, en el debut y después superó en semis a Rafael Nadal para asegurarse una medalla.

En la final, dio batalla ante Andy Murray, segundo del ranking, pero terminó cediendo en cuatro sets. "Se terminó una de las mejores semanas de mi vida", comentó emocionado ni bien se bajó del podio con la de plata.



Su paso por el Abierto de los Estados Unidos, su Grand Slam preferido, le permitió seguir sumando confianza y dar otro gran salto en el ranking. Porque llegó a cuartos de final -se despidió ante Wawrinka- y trepó del 142° al 64° escalón para meterse de nuevo entre los cien mejores. Y en octubre, derrotó al estadounidense Jack Sock en la final del Abierto de Estocolmo, consiguió su primer título en casi tres años y volvió al top 50.

El broche de oro de un año inolvidable fue la Davis. En Zagreb, Delpo encabezó el equipo que superó por 3-2 a Croacia y consiguió la primera Ensaladera de Plata de la historia para el tenis argentino. Así, a puro festejo y en el puesto 38, cerró ese 2016 que había arrancado afuera de los primeros 1.000.



La primera mitad de 2017 la paso sin pena ni gloria. Arrancó otra vez en Delray Beach, donde alcanzó las semifinales, llegó a cuartos en el Masters 1000 de Roma (perdió con Djokovic), cayó ante Murray en la tercera ronda de Roland Garros y frente a Ernest Gulbis en la segunda de Wimbledon. Con esos resultados, apenas subió seis lugares y se ubicaba 32° antes de arrancar la gira de canchas duras en Estados Unidos.

Algo no andaba bien y tras caer en la tercera rueda del Masters 1000 de Cincinnati ante Grigor Dimitrov, Delpo reconoció que le estaba costando "encontrar la motivación" para salir a la cancha.

Entonces llegó la hora de ir a Nueva York y todo cambió. Flushing Meadows fue un quiebre en su temporada. Con Sebastián Prieto como nuevo entrenador, superó a Roger Federer en cuartos y perdió en semis con Nadal, que luego se consagraría campeón. Y se trepó al 24° lugar del escalafón mundial.




Con la energía renovada, alcanzó por primera vez en cuatro temporadas las semifinales de un Masters 1000 en Shanghai (perdió con Federer) y volvió al top 20 del ranking.

Luego se consagró bicampeón en Estocolmo (superó a Dimitrov, octavo del mundo, en la final) y disputó una nueva final en Basilea, en la que perdió con el suizo. Cerró 2017 con una caída en cuartos de París ante John Isner, que lo dejó a un paso del Masters de Londres, pero también a un puesto del top 10.

Delpo estaba de regreso. La pesadilla de la muñeca era cosa del pasado, su juego parecía haber alcanzado un nuevo nivel y el mundo del tenis lo disfrutaba otra vez. Pero su ascenso no había terminado.


Este año volvió a jugar la gira oceánica de cemento. En Auckland, su primer torneo del año, llegó a la final (cayó ante Roberto Bautista Agut) y se metió por primera vez en casi tres años entre los diez mejores del mundo. Y luego, sobre el cemento estadounidense vivió otro par de semanas para el recuerdo.

Tras su paso por Delray Beach, llegó a Acapulco, donde sumó tres victorias consecutivas ante top 10 -en cuartos ante Thiem (6°), en semis frente a Alexander Zverev (5°) y en la final ante Kevin Anderson (8°)- y terminó levantando su primer trofeo de un ATP 500 desde su regreso.


Pero el festejo más importante en lo que va de la temporada llegó quince días más tarde en Indian Wells. En el desierto californiano, Delpo gritó campeón en un Masters 1.000 por primera vez en su carrera tras superar por 6-4, 6-7 (8-10) y 7-6 (7-2) en una final electrizante a Federer, que había recuperado unas semanas antes el número uno del mundo y defendía el título.

"Esta es la copa que quería. Este triunfo me puede marcar para el resto del año", afirmó el tandilense, flamante número seis del mundo. Y parece que tenía razón. Porque en los meses siguientes continuó dando pasos hacia adelante.

Tras recuperarse con lo justo de un desgarro de grado 1 que lo había obligado a bajarse de Roma antes de su duelo de octavos ante Goffin, llegó a Roland Garros entre algodones. Pero en París sorprendió a más de uno. En la superficie que más lo incomoda venció a Marin Cilic en cuartos, con lo que volvió al número cuatro del mundo, su mejor ranking hasta ese momento, y en semis cayó dando batalla ante el imbatible Nadal.

Y tras despedirse también ante el español en los cuartos de Wimbledon, se tomó un descanso para preparar la gira que más le gusta. Esa en la que ganó hace nueve años su primer y hasta ahora único Grand Slam.

La misma que arrancó la semana pasada siendo finalista en el Abierto de Los Cabos. La misma en la que decidió no jugar en Toronto para cuidar su muñeca izquierda para Cincinnati y el Abierto de Estados Unidos. La misma que lo catapulta por primera vez a ser el número 3 del mundo y quedar como escolta de dos de los mejores jugadores de la historia.


Del Potro es el número 3 del mundo y alcanza el mejor ranking de su carrera



Argentina vuelve a estar en el podio mundial tras 12 años



FUENTE: Clarín

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