ALGO DE ALGUIENOctubre 19, 2018

Tiempo al tiempo

Por Gustavo Ruckscholss
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Dibujo Miguel Camporro

Siempre he admirado y respetado a quienes saben hacer buen uso del tiempo en sus quehaceres. Donde lo noto más es en los oficios. Aquel herrero que prende la fragua justo al tiempo que va a necesitarla y casi, como que el fuego espera la pieza. Cada golpe tiene su energía, su dirección; pero, sobre todo, tiene su tiempo. Según la pieza, son los golpes y según los golpes, es el tiempo. Cosa parecida ocurre con cualquier trabajo hecho por quien ni cuenta se da de los tiempos porque los tiene grabados en su quehacer. Lo mismo le pasa a un neurocirujano que a un baqueano; cada cual en lo suyo sabe qué y dónde, pero sobre todo, sabe cuándo. Desde planificar un viaje espacial hasta coser un botón. El buen cocinero sabe sus tiempos tanto como quien debe atracar un gran transatlántico, milímetro a milímetro y segundo a segundo.

Es una ley de oro: cuanto más tiempo se pierde, menos se gana; en esfuerzos, en recursos, en alegría....en vivir. El buen empleo del tiempo es directamente proporcional al saber y al saber hacer.

A la naturaleza le tomó millones de años aprender a hacer las cosas y por eso un feliz embarazo dura nueve meses, Ni más, ni menos. Es un tiempo manejado con la más sabia eficiencia imaginable. Crear vida exige el eximio manejo del tiempo; vivirla y disfrutarla debería ser igual de exigible. Me refiero a aprovecharlo como vivencia, no solo en lo utilitario. Muchas veces la mejor inversión es quedarnos quietos y mirar un amanecer. Otras será pasarnos un rato enseñando a nuestro hijo a atarse las zapatillas.

Antes, les importaba saber cuándo madrugar y cuándo dormir; entre medio, ¡vivían! Alguna vez tuvieron un reloj de arena... Esos que tienen envasado siempre el mismo tiempo. Luego aparecieron aquellos viejos de péndulo que, más que darnos la hora, adornaban el tiempo y el lugar con su ir y venir cadencioso. Todos estos ingenios necesitaban de nosotros para funcionar. Entonces, comenzamos a creer que éramos los que manejábamos al tiempo; cosa que es exactamente al revés. Él nos dice cuándo nacer y morir, no la pantalla digital ni el carrillón de la iglesia. El tiempo no se gana ni se pierde, pero sí nuestra existencia. Perder el tiempo debería ser declarado un delito. Disfrutarlo ya es un premio.




Cumpleaños:

Flavia Cantoni Dibella

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