testimonioJunio 27, 2020

Sospechosos

Un poco más de 48 horas de angustia hasta que finalmente llega el resultado: No se detectó coronavirus. Pero en el mientras tanto hubo tiempo de reflexionar sobre algunas cosas. Un poco más de 48 horas de "sospechosos", en primera persona.

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La vista, desde el aislamiento preventivo, en una habitación de hotel. Hermosa, pero sin poder disfrutarla.
Por Verónica Baez

Soy periodista, trabajo desde mi casa, incluso antes de la pandemia. Mi marido es enólogo, “esencial” también, de acuerdo al decreto presidencial que así lo estableció desde el minuto 0. El inicio de la cuarentena lo encontró a él, promediando la cosecha y ahora, la bodega donde trabaja está en pleno traslado del vino a Mendoza. Para ser más clara, en promedio, recibe unos cinco transportistas por día que van a buscar el producto terminado. Muchos de ellos provienen de otras provincias.

El jueves pasado, Justo (es el nombre de mi marido), me llamó al salir de su trabajo para decirme que el transportista mendocino que había dado positivo en el test rápido realizado en el control de San Carlos al mediodía había estado en la bodega. Ese día Justo no llegó a nuestra casa, fue directo a un hotel: “aislamiento preventivo”, hasta que le practicaran un hisopado y diera negativo.
Estoy en contacto con la información sobre la pandemia todo el día. Leo, chequeo, pregunto, escribo, publico: es mi trabajo, pero lo hago desde la seguridad de mi casa. Viendo todo como en una vidriera. Y de repente, en un abrir y cerrar de ojos, me encuentro en esa vidriera con mi esposo y mis tres hijos. ¡Sospechosos! ¿Y ahora? toda la información que manejo como profesional y todas las medidas de seguridad que tomo como ciudadana se diluyeron en un angustiante y eterno compás de espera. Fueron un poco más de 48 horas, pero no hay optimismo, fe o raciocinio que te salve de la catarata de cosas que empezás a pensar, de las posibilidades que empezás a barajar, de los miedos.

De repente nos pusimos a recorrer los días anteriores, ¿Qué hicimos? ¿Con quién estuvimos? Empezamos a sacar cuentas de cuándo había estado el famoso camionero en la bodega, a qué distancia, con o sin barbijo. De repente se te corta el cuerpo, sentís calor aunque no tenés fiebre y hasta, no sé de donde, te sale una tos que no tenías.
Les expliqué a mis hijos de 11, 9 y 7 años la situación. Ellos están al tanto de todo y, salvo lo de extrañar mucho a su papá, comprendieron el resto sin mayores complicaciones. Armamos juntos el bolso con algo de ropa para enviarle a Justo y empezamos a hacer chistes sobre el tema, eso siempre nos ayuda a desdramatizar.

El hisopado dio negativo. ¿Fin del miedo? Podríamos decir que sí, pero los traslados en la bodega continúan y los transportistas seguirán llegando a la bodega y mi marido los seguirá recibiendo: es su trabajo. Él y yo podemos trabajar, un privilegio por estos días.

Las horas de angustia, pocas y con final feliz al lado de las personas que reciben un positivo, sirvieron para posicionarnos desde otro lugar frente a la pandemia. Por eso escribo, por eso lo comparto. Estamos informados, cumplimos con las medidas vigentes, somos conscientes de la realidad pero, a nosotros, no nos había pasado. Nos bastaron un poco más de 48 horas para darnos cuenta que nos podía pasar, que si ese hisopado daba positivo además de ocuparnos de la salud de Justo, automáticamente estaban en riesgo mis padres de más de 70 años con quienes estuvimos celebrando el día del padre, mi abuela de más de 90 años que no estuvo en esa reunión pero que vive con mi mamá. Mi suegra, también mayor de 70, a quién Justo había visto en esos días, mis cuñadas y sus familias, mis hermanos y sus familias, los chicos que atienden el almacén donde compro todos los días, los compañeros de trabajo de Justo, nuestros hijos. Todos contactos mantenidos dentro de las habilitaciones permitidas y con las medidas de seguridad correspondientes y, sin embargo, nos podría haber pasado.

No creo que hayamos hecho todo bien, de la misma manera que no creo que quien dio positivo haya hecho todo mal. Los protocolos de la Provincia, de la empresa y de nuestra casa funcionaron. Pero de una cosa estoy segura, no hay protocolo que resista si no cumplimos con nuestras responsabilidades individuales, ése es el primer escalón para minimizar los riesgos.

Todos los días me digo a mi misma e intento transmitírselos a mis hijos: -aquí no hay lugar para la queja, estamos sanos, abrigaditos, comemos, hay Wi-Fi y podemos trabajar, básico ¿no? Fuimos sospechosos por un poco más de 48 horas, ahora a seguir trabajando y cuidándonos. Esas otras cosas a las que uno no se resigna pueden esperar. Ése es nuestro aporte y responsabilidad, ni más ni menos.



Cumpleaños:

Oscar Rubén Valdemoros

Licenciado en Ciencias Políticas, empleado en la Secretaría de ...
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